Una baqueta frente a la iglesia del Ex Marquesado es todo lo que se requiere para aparcar el autobús, bajar pasaje y ahí mismo recoger a los siguientes viajeros, sin una revisión mecánica, sin considerar nuevos conductores.
Se trata de una de las muchas terminales de autobuses a bajo costo que existen en la capital del estado, en donde, la falta de un control y protocolos ponen en riesgo la vida de los pasajeros.
La mañana está por iniciar. Decenas de personas esperan la corrida de las 06:00 horas con destino a Querétaro. El tiempo transcurre y después de una hora se observa el frente de un autobús placas 42-RC-3R de la empresa LU.
La unidad se estaciona entre la calle angosta, mujeres, niñas, niños, personas adultas mayores descienden tras más de ocho horas de camino de Querétaro a Oaxaca. Los conductores, trasnochados por el viaje reparten maletas e inmediatamente después recogen las de los nuevos pasajeros.
“¿En este mismo carro nos van a mandar? Por lo menos una revisión rápida”, expresa una voz ahogada entre la multitud que pagó 650 pesos por boleto.
Los conductores continúan con el trabajo. A “ojo de buen cubero” calculan el peso de maletas que, a su juicio pesan más de 25 kilogramos. A quienes lo exceden les cobran un extra que nadie protesta.
Los asientos no están numerados así que cada quién agarra el que mejor le parezca o el que llegue a alcanzar. Hay baños, pero no sirven al igual que muchos de los cinturones de seguridad.
El viaje inicia. La mayoría de ocupantes son mujeres y en algunos casos adultas mayores. La fuga de talentos ha llevado a que muchos estudiantes y profesionistas vivan en aquella entidad y su familia vaya de visita.
Pasando Puebla, algo sucede, el autobús parece un horno y el aire acondicionado dejó de funcionar. Minutos más tarde ocurre lo mismo con la música del conductor. Una parada obligada por un accidente ocurrido metros adelante obliga a para y la unidad no vuelve a encender.
Los pasajeros esperan durante tres horas varados en la carretera a que otro autobús, más desgastado que el anterior llegue a concluir el viaje.
Aquella no es la primera vez que ocurre. En otras ocasiones los vehículos de estas empresas han registrado fallas durante la ruta.
Tampoco es la única línea de pasajes con terminales improvisadas y con autobuses y conductores que realizan jornadas de más de 12 horas seguidas que ponen en riesgo la vida de sus pasajeros.
