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Consultorio del alma. Cuenta conmigo; México en París 2024: Del escarnio al orgullo, pasando por el ya merito

segunda
Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

Psicoanálisis, política y ciudadanía 

Desde siempre, París ha sido un escenario de ensueño, con más razón si en esta ciudad se llevan a cabo los Juegos Olímpicos. En medio de este frenesí, nuestros atletas intentan dejar huella en la historia, pero ¿qué significa realmente ganar o perder en este momento extraordinario donde el triunfo se mide en medallas y no en likes? 

Atletas motivo de orgullo

El deporte ha sido siempre un bálsamo para las heridas nacionales. Un triunfo deportivo es como una inyección de orgullo líquido, capaz de unir a un pueblo. Para nuestra autoestima colectiva, que suele ser tan frágil como la Selección Nacional de futbol, una medalla olímpica es como un salvavidas.

Al alcanzar el triunfo, nuestros atletas son capaces de crear momentos que perdurarán para siempre en la memoria colectiva. A lo largo de la historia del olimpismo, México ha destacado en varios deportes, algunos de forma consistente (como los clavados y el boxeo) y otros que vieron mejores días (como la caminata). Los triunfos nacionales, nos llevan a mirar con admiración a figuras como Humberto Mariles, Joaquín Capilla y María del Rosario Espinoza, nuestros máximos medallistas. 

Fracasos olímpicos y el “ya merito”

Como gran parte de la delegación mexicana va y vuelve de la justa sin presea y en muchos de los casos ocupa puestos que no podríamos llamar de privilegio, la sensación de fracaso es también arrolladora. Es el caso de Atlanta 96 donde se cosechó una sola medalla y ¡de bronce!, (obra y mérito de Bernardo Segura). De ahí, que se haya acuñado la expresión burlesca de que muchos atletas iban a los juegos olímpicos “a pasear” más que a competir.

Asunto aparte es aquella donde, apoltronado en el sillón, el espectador sufre cuando el atleta hace todo relativamente bien, hasta que comienza a hacerlo relativamente mal y queda a “casi nada” de una medalla que se pierde en el último round, en el último hit o en el último clavado. 

El mexicano identificado con lo que mira, no puede evitar esa sensación de que, quizá hasta por genética, siempre nos quedamos a tres centavos de llegar al peso.

 

Cuando la realidad nos alcanza

Existen cientos de videos donde podemos ver a niños y niñas chinos de edad Preescolar ejecutando en público hazañas colectivas de coordinación psicomotriz. No es de extrañar que para cuando llegan a la adolescencia, los mejores ya estén aptos para competir al más alto nivel en distintas disciplinas. Hablamos de un país que cultiva el deporte como un asunto de Estado.

En contraste, en un país donde los objetivos de la Educación Física rara vez se cumplen y evalúan con rigor, el éxito individual se celebra con cuestionamientos y el fracaso se castiga con el meme. Esto a pesar de que en México, muchas veces el camino hacia una medalla comienza prácticamente desde cero.

No olvidemos una disposición psíquica bastante extendida que nos aleja de la disciplina, el carácter y la constancia que exige el Deporte de Alto Rendimiento; y si a esto sumamos la falta de infraestructura básica para la práctica de muchos deportes, pues estamos buenos. El que muchos atletas mexicanos hayan llegado a las instancias olímpicas implica que, a pesar de las condiciones, se cuentan por derecho propio entre los mejores del mundo.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 132 8534 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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