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EL LECTOR FURTIVO: Cuando El Ángel se cayó

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso 

Ayer, en la sala de espera de una clínica a la que acompañé a mi señora madre, tuve la oportunidad de ver la inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024, más por las circunstancias de una prolongada espera, que por gusto. El derroche presupuestal que suele ser la norma en estas ceremonias, me llevó a recordar dos asuntos interesantes.

El primero de ellos es que el estado francés gusta de exportar monumentos con alta carga simbólica al mundo. Todos tenemos presentes la Estatua de la Libertad, un regalo de Francia para la naciente potencia norteamericana llamada Estados Unidos y bueno, quizá no muchos lo sepan, pero también fue un artista francés quien dio forma a la Victoria Alada que domina la punta de la Columna de la Independencia, por lo que muchos la conocemos simplemente como El Ángel de la Independencia.

He de reconocer que mientras veía la tele estaba convencido de que la estatua había sido exportada desde suelo francés, pero al cotejar los datos para esta columna descubrí que, si bien el escultor Enrique Alciati (nacido en Marsella) fue el autor de la obra, esta se fraguó en México, ya que el artista impartía clases de escultura en la Escuela de Bellas Artes.

Un monumento a la Independencia de México, motivo de La Columna y del Ángel, fue un proyecto largamente acariciado por los mandatarios mexicanos desde Santa Anna hasta Porfirio Díaz, pasando por el mismísimo Maximiliano. Todos coincidieron en que el Paseo de la Reforma era el lugar indicado para el monumento.

Cada uno de ellos convocó a distintos concursos, pero los proyectos ganadores, por una u otra razón, no prosperaron. Finalmente, el visionario Porfirio Díaz pudo inaugurar el 16 de septiembre de 1910 —un día después de su cumpleaños— el conjunto creado por Antonio Rivas Mercado y coronado por la obra de Alciati.  

El segundo punto que vino a mi mente fue que, precisamente un día como hoy, 28 de julio pero del año 1957, un terremoto —que el Servicio Sismológico estadounidense calculó de magnitud 7.9— sacudió la Ciudad de México. Hubo cientos de víctimas mortales, muchos edificios dañados y la infraestructura de la moderna ciudad se colapsó. Uno de los efectos más memorables del desastre y que pudiera ser resumen del mismo, fue el hecho de que, a pesar de sus alas, El Ángel de la Independencia terminó en el suelo. En la cultura popular tenemos algunas referencias a este suceso. El bautizo de Cheto, canción del cronista urbano Chava Flores, nos cuenta que  Cheto llegó al mundo la noche del terremoto, “cuando El Ángel se cayó”.

Por otro lado, la tragedia sirvió para que fuera creado nuestro propio Servicio Sismológico Nacional, desde entonces administrado por la UNAM, un organismo esencial para un país como el nuestro, propenso a sufrir fenómenos telúricos de gran magnitud.

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