Hablar de vejez y jubilación no debe ser sinónimo de aislamiento, ya que la geriatra Verónica Verano Matadamas advierte que entender así esa etapa de la vida significa enfrentar más síndromes geriátricos como inmovilidad, caídas o fragilidad.
“Se piensa que a una edad ya no hay que hacer ejercicio o aprender algo nuevo, que jubilarse es lo último”, una idea que para la especialista adscrita al Hospital Regional Presidente Benito Juárez del ISSSTE debe derrumbarse si se busca un envejecimiento exitoso.
Eso lo aprendió Patricia a sus 75 años. Su columna fue su maestra y la geriatra su guía. Además de bajar de peso para reducir sus problemas de movilidad con las rodillas, en 2023 aprendió a nadar y recuperó parte de su capacidad de caminar, como cuando tenía menos años.
Inmovilidad; síndrome de caídas o fragilidad; sarcopenia (pérdida de la masa muscular); deterioro cognitivo; déficit sensorial, visual y auditivo; incontinencia urinaria y fecal; son síndromes geriátricos que llegan pasados los 60 años y muchas veces se combinan con enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes.
“No son enfermedades, sino condiciones que se presentan principalmente en el adulto mayor por el envejecimiento y pueden estar presentes hasta dos o tres de éstos en una misma persona”, aclara la geriatra Verónica Verano.
En países en desarrollo como México, los 60 años es la edad en la que inicia la vejez, según los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud, pero desde una visión prejuiciosa como el viejismo hace ver a las personas adultas mayores como no útiles.
“Hay muchas personas para quienes la vejez implica que no sirve para nada y sólo implica enfermar, cuando parte de nuestra vida es el envejecimiento y puede hacerse con éxito”, explicó en entrevista la especialista.
Y preguntó: ¿Por ser viejo ya no tienes sexualidad, necesidades emocionales o deseos de trabajar? La clave es la actividad física, cognitiva, familiar y social, todo lo que hacemos siempre se tiene que continuar. Jubilarse no es encerrarse”.
