La sensación térmica que rebasa hasta tres grados más la temperatura ambiente en las noches es un claro indicador de que a la ciudad de Oaxaca de Juárez le urge una reingeniería ecológica que incluya nueva vegetación.
“Formamos parte de un ecosistema que debemos reparar y en mediano plazo revertir los problemas de escasez de agua y los efectos del calor que en lo inmediato no van a desaparecer”, advierte el profesor investigador Daniel Díaz Porras.
Ecológicamente, explica el coordinador de la licenciatura en Ecología en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la ciudad de Oaxaca ya no es funcional para la fauna, flora ni para la propia población.
La superficie de área verde promedio por habitante que sugiere la Organización Mundial de la Salud es de 16 metros cuadrados y la ciudad de Oaxaca no ofrece ni la mitad.
Entre arbolado urbano, parques, jardines, lotes baldíos, áreas naturales como cerro del fortín o áreas desprovistas del pavimento “dentro de la matriz urbana” de la ciudad de Oaxaca, Díaz Porras estima que hay 5.8 metros cuadrados de vegetación por habitante.
“Se carece de espacios vegetados o arbolados, los que tenemos son muy pequeños”, además de que se justifica su derribo en el daño que causa al entorno el crecimiento de sus raíces o ramas.
“Sí funciona sembrar árboles, pero como tenemos un área muy urbanizada requerimos un catálogo de especies endémicas a elegir que no interfieran con el tránsito o construcciones, pero que a la vez estén adaptadas al clima”, señala.
Si bien el guamúchil (Pithecellobium dulce) y el huaje son árboles adaptadas al clima cada vez más seco de la ciudad, éstos no otorgan suficiente sombra en días calurosos porque su hoja es pequeña.
Por ello, el investigador de la Escuela de Ciencias de la UABJO opina que debería propiciar un consenso con expertos botánicos que sugieran, dependiendo de cada zona de la ciudad, las plantas y árboles que ayuden dar cobertura vegetal y regular el clima cada vez más adverso por las olas de calor.
“Somos parte del ecosistema y tenemos la capacidad de cambiarlo para bien o para mal, entendiendo que la falta de espacios verdes o naturales afectan nuestra productividad desde el punto de vista emocional, porque no es lo mismo ver solo una ciudad con edificios a un jardín”, agrega.
El problema, reconoce, es la carencia de una cultura ecológica que dé prioridad al incremento de la funcionalidad ecosistémica.
“Ha habido proyectos para sembrar plantas para atraer polinizadores y huertos urbanos, pero son intentos aislados que deben ir acompañados de la reducción de desechos y acciones gubernamentales que permitan atraer a la ciudad especies que nos indiquen que el ecosistema es sano”, abundó.
Y recalcó: “Hay poca vegetación y poca funcionalidad ecológica a pesar de que todavía existen más de 130 especies de aves que se mantienen sobre todo por las plantas con flores o vegetación que hay sobre todo en la periferia”.
“Ha habido proyectos para sembrar plantas para atraer polinizadores y huertos urbanos, pero son intentos aislados que deben ir acompañados de la reducción de desechos y acciones gubernamentales".
Daniel Díaz Porras, investigador
