Las relaciones de pareja suelen ser el hilo conductor en la literatura de Edith Nesbit (1858-1924). Sin embargo, el amor no es el tema principal de su obra, sino una herramienta utilizada para que sus cuentos alcancen una mayor tensión emocional y la irrupción de la muerte en ellos sea más efectiva. Otro elemento común en su narrativa es la corporeidad que otorga a sus fantasmas, algo novedoso para una época en la que los relatos de miedo presentaban a los espíritus como entes traslúcidos o sombras impalpables.
"La boda de John Charrington" (1893) comienza describiendo al personaje que le da nombre a la historia; un hombre persistente cuya determinación lo lleva a conseguir todo lo que desea, incluido el amor de May Forster, la mujer más hermosa de su círculo social con quien se compromete después de varios encuentros clandestinos en el cementerio. Días antes de la boda es requerido en otro pueblo por su padrino agonizante. Aunque su amada le ruega que no vaya debido a un presentimiento oscuro, él decide partir no sin antes prometerle que, vivo o muerto, volverá a tiempo para casarse con ella, promesa que no está dispuesto a incumplir debido a su naturaleza.
En este cuento, la autora utiliza la voz de un gentleman inglés para narrar los hechos paranormales de los que fue testigo, lo cual no es una coincidencia si se toma en cuenta que Nesbit solía firmar sus textos con pseudónimos masculinos debido a los prejuicios existentes sobre las mujeres escritoras, aún más sobre aquellas que se volcaban hacia géneros literarios como el terror. Sin embargo, a medida que la historia avanza, es la protagonista femenina con quien es más fácil empatizar; una mujer cuyo único valor parece radicar en su belleza, rodeada de hombres tercos que se niegan a escuchar sus consejos y que tiene un miedo atroz a quedarse sola, algo que, a casi dos siglos y miles de kilómetros, sigue resultando profunda y terriblemente cercano.
