Alejandro José Ortiz Sampablo
Hace unas décadas era considerado tabú hablar de sexo a los hijos. La preocupación por el abuso sexual infantil, cometido principalmente por personas cercanas —familiares o maestros— y las escenas sexuales cada día más explícitas en la televisión —incluso imágenes sugerentes en programas infantiles— han hecho que ese tabú sea cosa del pasado.
Polémica y sutileza
En ocasiones, durante las conferencias me es inevitable provocar polémica, a veces por que el tema que se aborda en sí mismo es polémico; otras veces se debe a las cualidades propias del psicoanálisis, pues es el único campo del saber que estudia las profundidades del alma y al explicar sus manifestaciones se rompen los ideales de muchas personas que me escuchan.
No me caracterizo en hacer concesiones cuando se trata de mostrar las leyes a las que obedece el psiquismo, solo por alcanzar partidarios. Recordé una de las primeras conferencias que impartí a mi regreso a la ciudad de Oaxaca, fue en una Escuela Secundaria particular a la que, por cierto, no me han vuelto a invitar.
Supongo tuvo que ver una puntualización que hice al respecto del tema.
Una madre de familia participa
Esa mañana, ya en la sección de preguntas, una madre hizo alarde de su apertura sexual con sus hijos ante los demás padres de familia. Mencionó que siempre les habló de sexo; que su esposo, sus hijos y ella se bañaban juntos para que así conocieran sus cuerpos. También nos compartió que en una ocasión habló con su hijo respecto a los sueños húmedos y que su esposo le enseñó la técnica de la masturbación, pues leyó que algunos chicos se fracturaban el pene al hacerlo y le preocupaba que eso le pudiera suceder. Llamó mi atención la seguridad con la que hablaba y me pregunté sobre las consecuencias psíquicas en sus hijos al estar expuestos a todo lo que decía. Según la madre en cuestión, esa sería la forma de tratar esos temas con los hijos.
La situación me resultó incómoda, por el aprieto en el que quedé. Ya que, de no intervenir, le daría la razón a la madre y aquellos padres que estaban en busca de orientación sobre el tema podrían quedar confundidos.
Un ser que no necesita bules para nadar
Quien se detenga a observar la vida de los infantes se percatará de que son ávidos investigadores y que comienzan sin dificultad el ejercicio de su vida erótica sin ayuda alguna. Unos se esconden para ello mientras otros la realizan de manera abierta, algunas veces provocando escándalo entre sus padres y maestros. Una consecuencia inherente a la investigación infantil es que el pequeño se encuentra con situaciones a las que no puede dar trámite, ni biológica, ni psíquicamente.
Los pequeños son grandes conocedores de su sexualidad, principalmente porque la exploran sin tapujos, debido a que en la tierna infancia no se ha puesto en marcha el mecanismo psíquico de la represión. En todo caso lo que requieren es una orientación en el mundo exterior, principalmente por los riesgos que algunos adultos implican. Antes de dar información explícita sobre la sexualidad a tus hijos, procura escucharlos cuando preguntan por cosas simples de la vida.
