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Forjados o endebles del espíritu

Padre e Hijo
Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo

Hace un par de días recordé la viñeta de un cuento que narra la historia de un padre que intenta recuperar el cariño de su hijo de 16 años, así como algo del tiempo perdido con él. La anécdota es la siguiente:

La espera, una elección
 

Cada vez que padre e hijo salían juntos, el primero observaba cómo su hijo, ante la mínima situación de espera, procuraba sentarse, incluso en el suelo. El padre recordaba, a su vez, las palabras que su propio padre le decía cuando en su juventud intentaba realizar lo mismo, las cuales —al estilo de aquellos años— eran expresadas de manera grosera. Él sabía que no podía dirigirse de igual manera a su amado hijo, pero le preocupaba tal actitud. Así que decidió esperar el momento oportuno para decirle que buscar sentarse ante la menor oportunidad que se le presenta, no es lo más adecuado para un hombre tan joven.

El padre, consciente de la distancia que había entre él y su hijo, esperó meses de convivencia hasta que, un día, se presentó la situación perfecta. Padre e hijo salieron a realizar unas diligencias, y el joven repitió aquella conducta. Incluso al estar sentado en el suelo, por momentos dormitaba, recargando su cabeza en su propia rodilla. Transcurrió la mañana y de regreso a casa pasaron a tomar un refrigerio a una de las cafeterías preferidas del joven.

El momento esperado y la enseñanza
 

Ahí, el padre le dijo:

—Te vi dormitar hace un momento, ¿dormiste poco anoche?

-No- respondió el joven.

El padre continuó:

—Veo que procuras sentarte cuando estamos en espera de algo. ¿Lo haces porque te sientes débil físicamente o consideras que es flojerita?

El joven sonrió y respondió que era flojerita.

El padre prosiguió:

—Te voy a dar un consejo, hijo mío. Cada vez que llegues a un lugar y tengas el deseo de sentarte, posterga hacerlo el mayor tiempo posible. No permitas que la flojera te venza. Eres joven; si hoy permites que este monstruo te doble la rodilla, el día de mañana no podrás vencerlo. ¿Has visto cómo se forja el metal? se hace con fuego, golpes y cambios de temperatura en un momento preciso. El espíritu se forja de igual manera, no necesariamente con golpes y fuego, pero si no resistes entregarte a esos pequeños placeres, a ese confort que buscas al sentarte, tu espíritu crecerá endeble. No te permitas rendirte ante nada, incluso ante eso que vive en ti mismo.

Reflexión

En ocasiones, los padres deseamos que los hijos aprendan las enseñanzas que les brindamos, en el momento y a la primera; es decir, nos comportamos de forma caprichosa. Este padre, al parecer, era consciente de que no existían las condiciones para que su hijo aceptara de buena manera las palabras que tenía para darle, y hubo de esperar bastante tiempo para entregárselas. Aguardando por el momento adecuado, el joven pudo entender lo valioso que su padre le dijo, y no que debía mantenerse de pie por mero capricho de éste.

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