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Dos posturas de engaño

Dos posturas del engaño
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por regla general, los seres humanos no tenemos conciencia de que mucho de lo que nos acontece en nuestra vida cotidiana obedece al determinismo psíquico.

Las explicaciones que las personas nos damos ante las circunstancias que nos aquejan son conocidas por nosotros, pues posiblemente en algún momento de la vida vivimos alguna situación donde los motivos que originaron lo sucedido los depositamos en el mundo exterior. Eventualmente, no tomamos en cuenta nuestro mundo interno. Existe un par de palabras que regularmente acompaña a dicha negación, estas son: “es que…”

Cuando emprendemos un proyecto de vida, en el amor, lo profesional, laboral o incluso la actividad más simple en el hogar, si por alguna circunstancia no se logra, no faltará quien recurra a las palabras mencionadas. Por otro lado, hay quienes asumirán la responsabilidad de sus actos, de manera exagerada —por decirlo de alguna forma—, pues se adjudicarán la culpa de todo y llegarán a tal punto que dejarán caer sobre sí mismos la severidad de la mortificación. Sin embargo, esto no significa que sean personas que toman en cuenta su vida interna (vida psíquica).

Ambos tipos de individuos, los que adjudican al mundo exterior los motivos de todas sus desgracias o los que dejan caer sobre sí la más fuerte mortificación por lo sucedido; rechazan aquellos pensamientos que brindarían los elementos lógicos que explicarían, no solo aquello que les sucede, sino también la negación que realizan con tales posturas.

En la vorágine de la vida cotidiana difícilmente nos percatamos de que la conducta, los actos o las respuestas que tenemos ante las circunstancias que nos plantea el mundo exterior, están sobre determinadas por procesos de pensamientos ajenos a la conciencia. Es en los dos tipos de personas mencionadas donde se observa de manera ostentosa la negación de esos procesos de pensamiento; por un lado, ellos no tienen nada que ver en sus penas o por el otro, los que se adjudican toda la responsabilidad de ellas. Eso no significa que, quienes no tenemos agravado el proceso psíquico de la negación, nos perdamos la oportunidad de recurrir a ella ante la amenaza de perder la hegemonía yoica.

¿Cuántas veces no has caído en este mecanismo de negar “la realidad” que impone el mundo exterior? Ante aquello que es incómodo a la entidad psíquica llamada Yo y la imposibilidad de modificarlo, éste deniega lo ocurrido. Es decir, puede tocar el objeto, puede sentirlo y aun así asegurar que no está o no existe, es decir, aplica su posibilidad omnipotente.

En ciertas circunstancias como, por ejemplo, la vida amorosa, esto es observable. La enamorada o enamorado, a pesar de que por él mismo puede deducir el próximo desenlace de su relación, poco le importa; mientras tanto, se deja llevar por el impulso que se le impone, al cual llama amor. Total, del fracaso puede culpar al otro, a las circunstancias o mortificarse él mismo.

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