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Maestro Hermilo, 53 años de enseñanza y vocación inagotable en Oaxaca

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Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Durante poco más de medio siglo don Hermilo Antonio se ha entregado a la ilustre labor de la enseñanza. Su vocación es inagotable, así como su amor por la niñez y la enseñanza.

Los recuerdos en su memoria son nítidas fotografías que transportan, que muestran el deseo genuino de un joven por compartir conocimientos, “hasta que Dios nos preste vida”, afirma.

Originario de Santo Domingo Ingenio en la región del Istmo de Tehuantepec, don Hermilo tuvo sus primeros acercamientos con la escuela cuando tenía ocho años. Su habilidad y el hambre por el conocimiento lo llevaron a ser un estudiante destacado, tanto que de inmediato fue invitado a ser profesor comunitario.

“En ese entonces los padres nos mandaban grandes a la escuela, yo entré a los nueve años. Veía a los maestros con mucha estimación. El maestro me decía: a ver Hermilo, tómales lectura a estos niños y ahí estaba yo.  Fue que me nació el deseo por ser maestro. Estando en sexto año tuve muy buenos maestros que me inspiraron. En ese último año me dijo un maestro: ¿oye te gustaría apoyarnos en la primaria como maestro municipal?, dije adelante. Así estuve de 1969 a 1972”.

Yo empecé a trabajar allá por 1972 en la región de la mixteca haciendo un servicio durante dos ciclos escolares. Hay muchos recuerdos con niños, padres de familiar que tenían el deseo de leer y escribir. Fui fundador de una escuela, le pusimos Venustiano Carranza. Allá me encontré con 40 niños que no tenían maestro y querían aprender”.

En ese entonces llegar a las comunidades era mucho más complicado que ahora. El medio de transporte era precario, entonces los recorridos eran a pie o en burro. “El único afán era llevar los conocimientos a los niños. No importaba el tiempo que ibas a caminar o el tiempo que ibas a estar incomunicado”.

Para 1979 fue enviado a una comunidad enclavada en la región de los Chimalapas en donde, en conjunto con madres y padres de familia logró la construcción de un aula. Después trasladado a la escuela licenciado Benito Juárez ubicada en su localidad natal en donde estuvo durante seis años. Posteriormente, en 1986 fue trasladado a la escuela Progreso fundada en 1924, en donde aprendió sus primeras letras y de donde actualmente es director.

"Estos 53 años de servicio representan mucho, son toda una vida de logros, recuerdos, éxitos y hasta fracasos. Quizá este ciclo termine ya, cerrar esa fase. Ya solo quedaría la nostalgia. Tengo padres de familia que fueron mis alumnos. Hay alumnos que fueron maestros y ya se jubilaron”.

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