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Migrantes, náufragos y muros

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

A tan sólo cuatro kilómetros del Museo de Arte de Sonora (Musas) pasa La bestia, que va hacia Nogales. La invitación que recibió el artista Adán Paredes (Ciudad de México, 1961) para exponer en este espacio, no podía sino referirse a la toma de consciencia sobre el peregrinar, el migrar y el extraviar anhelos al dejarlo todo por perseguir el sueño americano.


Producida en su totalidad en el Taller los Alacranes, el cual fundó hace una década en San Agustín Etla, la exposición Anhelos extraviados implicó un trabajo colectivo -como todo proyecto en la cerámica- de oaxaqueños, algunos de los cuales también han migrado o tienen una experiencia cercana con ella.


La totalidad de la exposición apunta hacia el norte, hacia Estados Unidos. Se trata de una instalación, a manera de puesta en escena. En entrevista, Adán Paredes compartió que cuando recibió la invitación de Rubén Matiella, director del Musas, le gustó pensar que era la oportunidad de hacer una exposición con este tema.



Testigos de la voracidad de la bestia. Tzomplantli, cerámica.


Adán Paredes, quien vive en Oaxaca desde hace más de 18 años, se refiere al venado, que para algunas etnias del norte es sagrado. Y aunque la exposición tiene ese sentido dramático, también da un giro de esperanza. Como lo escribe Javier Ballina Viramontes en su texto para la exposición.


Peregrinos entre dos mundos


La primera pieza de la exposición consta de 365 cráneos, uno por cada día del año. Es un tzompantli que también incluye un cráneo de venado, representando a todas estas especies animales afectadas por la construcción de un muro.


"Todos los días están ahogándose personas" alude Adán Paredes sobre la instalación de dos barcas colgadas a cuatro metros de altura, de la que penden 55 hilos y en cada uno, entre 11 y 14 cráneos de resina. Esa pieza se llama El último respiro, el último suspiro y representa a toda la gente que se ahoga, se va al fondo del agua, del mar o del río.



Un tributo a ese anhelo de lograr el sueño, cuando quizá sea más lo que se pierde que lo que se obtiene, en tierras a las que los migrantes puede que no lleguen. FOTO: Romina Hierro

La exposición tiene abstracciones: la pieza de los caminantes son siluetas de cerámica, a manera de murales dobles puestos como un espejo, a escala real. Representan a los hombres, mujeres y niños como sombras espectrales, en el desierto.


Como la exposición apunta hacia el norte, Adán hizo una ruta de maletas antiguas que ha recolectado a lo largo de los años, como si fueran un tren, al lado van unos caminantes, como una alegoría a la La bestia.


Otra de las piezas es una instalación grande, de sahuaros de cerámica y esqueletos de estos órganos naturales, que recuerdan al desierto como únicos habitantes que cobijan.


Es así como Adán Paredes crea una co-responsabilidad con la realidad. La labor del artista es importante y habla de su quehacer en el taller Los Alacranes, donde abunda que se hace mucho trabajo que tiene que ver con lo comunitario y con el trabajo social.



El artista Adán Paredes estudió arqueología en la ENAH, preparación que lo llevó a tener una fuerte conexión con la historia de la tierra y lo llevó a la la cerámica.

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