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El Expreso Polar: Lecturas para la Vida

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

Como todas las navidades, los niños corren en una suerte de expedición al cuarto del tilicherío. Entre bolsas y cajas abandonadas, enseres de aseo, mechudos, toda suerte de escobas, sustancias peligrosas, herramientas y varias cosas más, descansa  el nacimiento. Es una caja de cartón rígido con varias figuras preciosamente labradas, aunque de tamaño irregular. A Brandon, conforme se hace mayor, siente incomodidad por esta discrepancia en los tamaños y pregunta por qué la sagrada familia tiene que ser tan grande. Ninguna de las figuras es mayor a los 15 centímetros, pero hacen parecer a los animalitos como enanos y en esa medida su entusiasmo decrece. Luisa, que es artista plástica, dice que es una cuestión de perspectiva y lo explica a sus hijos, que se quedan con la idea de que la perspectiva hace que unas cosas sean más grandes que otras, no siempre, pero a veces.

Santiago, el papá, que tiene un espíritu más lúdico e inmaduro, el año anterior integró al nacimiento casitas de una villa navideña que coleccionó canjeando envolturas y tapas de refresco cuando era niño. Son casitas nevadas con tejas rojas, todas con chimenea para que entre el buen Santa Claus. Ahora es Luisa la que ya no está tan cómoda con esa discrepancia. Le gusta apegarse a la tradición, no por una cuestión religiosa sino estética; pero como a los niños les gustó, todo va bien, pero este año su marido llegó emocionado con una caja. 

La madre no podía creer lo que veía. El papá, como si fuera un chiquillo más, sacó su juguete y en un dos por tres, en medio de la villa navideña que habían construido alrededor del nacimiento, serpenteaba una vía ferroviaria en toda regla. El tren tenía una estación y simpáticas figuras que podían viajar en él. Por supuesto, la madre preguntó:

—¿Qué diantres hace el expreso polar en medio del nacimiento?

Pero Mateo, el más pequeño de los niños, dijo algo que sorprendió a todos:

—Yo quiero vender los boletos del tren— lo cual bastó para que a todos les ganara la risa.

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