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Lamenta Obispo Mixe de Oaxaca la vida acelerada de la sociedad

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Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

El obispo de la Prelatura Mixe María Auxiliadora, Salvador Murguía Villalobos lamentó que muchas personas viven demasiado rápido, sujetas a la tiranía del reloj, a la multiplicación de actividades y a agendas sin un hueco.

“Vivimos en una sociedad acelerada”, afirmó.

En una exhortación pastoral, el mitrado sostuvo que la relación de muchas personas con el tiempo actual ha cambiado profundamente, pues todo camina muy veloz.

“Ejemplos los hay y muchos”, anotó.

Expuso que la vida rápida e inmediata es incomprensible con el camino espiritual, porque por su consistencia y aplicación, requiere de largos periodos de meditación y de revisión de la propia vida bajo la mirada del Espíritu Santo.

“Para un creyente, la vida espiritual se nutre de la memoria”, agregó.

Subrayó que la lógica del consumismo se ha extendido más allá de lo material, a todos los ámbitos de la vida, desde el trabajo, las relaciones, el ocio y la espiritualidad.

“Queremos más de todo y lo queremos al instante. Y, por eso mismo, la vida se ha convertido en una carrera contrarreloj”, agregó.

Destacó que el prototipo de hombre es el llamado “homo celerensis” (enfermos de tiempo), un ser humano contemporáneo atrapado por el vértigo.

“Es un ser humano consumista, superficial y atrapado en el presente y moviéndose en redes de relaciones fugaces”, apuntó.

Frente a esto, observó que existe una urgencia por cultivar algunas actitudes para ayudar a frenar, por ejemplo, la austeridad, la hondura, el tiempo y las relaciones sólidas.

“Esperar es herejía. Todo es urgente. La inmediatez es un imperativo y un deber. Atención instantánea. Olvido casi inmediato. Retrasarse es un crimen. No tenemos tiempo que perder”, señaló.

Murguía Villalobos dijo que los teclados de los teléfonos móviles incitan constantemente a transgredir el vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, así como a inventar una relación efímera entre la velocidad y el olvido.

“Y de este modo, casi sin darnos cuenta, vamos sintiendo en el fondo del alma una fatiga y un desgaste que nos hacen añorar las raíces profundas de lo esencial”, finalizó.

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