En la celebración eucarística por el octavo aniversario de la Coronación Pontificia de la Inmaculada Virgen de Juquila, el arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos volvió ayer a llamar a los católicos a no levantar la mano para quitarle la vida sus hermanos.
“No tienen ningún derecho”, asentó.
En la misa oficiada en el Santuario Diocesano de la Reconciliación y la Paz de Santa Catarina Juquila, el pastor religioso sostuvo que ningún creyente tiene el derecho de levantar la mano a sus hermanos, porque como hijos de Dios merecen vivir los dos.
“No tienen ningún derecho de mancharse las manos y marcarse con el signo de Caín por haber quitado la vida a un hermano”, anotó.
Sostuvo que algunos creyentes levantan la mano para privar de la vida a sus hermanos por llenarse de envidia, egoísmos y por sentirse con poder y dominio.
“La madre de Dios nos pregunta qué estamos haciendo, qué ha pasado en nuestro corazón, por qué tanta envidia, por qué tanto rencor, por qué tantos sentimientos de poder y dominio”, afirmó.
Expuso que la grandeza de los católicos no la concede el poder, ni el dinero, ni los conocimientos, sino ser hijos de Dios.
“Todos somos iguales, todos somos hijos de Dios”, agregó.
Por eso, convocó a los creyentes a pedir a María, la Inmaculada Virgen de Juquila, su intercesión ante su hijo, para lograr la conversión y no seguir viviendo en el desorden.
“No duden, no desconfíen de su intercesión. María no los va a defraudar, ella intercederá. A ella, le preocupa que no sean buenos hijos y hermanos, porque quiere la salvación de todos. Eso, es lo quiere su hijo Jesucristo”, afirmó.
De esta manera, destacó que los católicos necesitan corregir su camino para así enderezar sus pasos y tener otras actitudes de hijo de Dios.
“No deben vivir en el desorden, María no quiere a sus hijos desordenados, porque no lo quiere Dios. Es necesario que sean diferentes y dispuestos a vivir como él quiere”, señaló.
Ante esto, Vázquez Villalobos pidió a los creyentes a admitir sus errores y corregir su vida, porque eso no es agradable a los ojos de Dios.
“¿No me digan que no tienen qué corregirse?, sean menos soberbios, no se llenen de orgullo y vanidad”, finalizó.
