Rodrigo Velásquez Torres
Una de las utopías más grandes de la humanidad es lograr establecer la paz a lo largo de la tierra, aunque las acciones nacionales de las grandes potencias manifiesten lo contrario. Como muestra de ese “esfuerzo mundial”, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 21 de septiembre de 1981 como el Día Internacional de la Paz. Dos décadas más tarde, en 2001, la Asamblea General decidió por unanimidad designar este día como Jornada de no violencia y alto el fuego. Pero como siempre, ¿quién le hace caso a la ONU? Ese triste organismo internacional solo sirve para respaldar a la gran potencia bélica del mundo, la única que ha tirado dos bombas nucleares buscando alcanzar la paz; bien lo dice la frase latina: "Si vis pacem, para bellum" (si quieres paz, prepara la guerra).
Cada año, en este día, se celebra el Día Internacional de la Paz en todo el mundo; ¿será eso cierto? Pues se sabe que en realidad hay guerra en más de una decena de países del tercer mundo, pero esas naciones no le importan a las grandes potencias. La Asamblea General ha declarado esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz, a través de la observación de 24 horas de no violencia y alto el fuego. ¿Se hará realidad esto en la zona de guerra en Europa del este, en el África y en demás países que se encuentran en guerra? Seguramente no, ya que, lamentablemente, todos los llamados hacia la Paz, ya sea del Papa, de la ONU, o de cualquier otro personaje de la política mundial, por lo general siempre es ignorado, de mínimo, cuando no acusado de entrometerse en la soberanía de las naciones. Sin embargo, la simulación del organismo internacional sigue su marcha.
Para este año, la Asamblea General de la ONU eligió el tema “Pon fin al racismo. Construye la paz”. Para eso se desarrolló la campaña titulada «Juntos por la paz: Respeto, seguridad y dignidad para todos» siguiendo el espíritu de JUNTOS, una iniciativa mundial cuyo objetivo es que las personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares en busca de una vida mejor, disfruten del respeto y la seguridad y vivan dignamente. Sin embargo, las personas refugiadas o desplazadas generan disconformidad entre las naciones o comunidades que las reciben, como ha ocurrido en Oaxaca y México desde el siglo antepasado o desde antes con múltiples desplazados a lo largo de todo el territorio.
Para reforzar sus actividades, la Asamblea General denominó que este año, el Día Internacional de la Paz se centrará en movilizar a la ciudadanía mundial para que muestre su apoyo a los refugiados y migrantes; ¿será posible eso en México y Oaxaca? Como parte de las acciones que desarrollará, la ONU compartirá mensajes, tanto con las comunidades que acogen a estas personas desplazadas, como con aquellos que consideran que las personas que abandonan sus hogares por diversos motivos amenazan su seguridad física y financiera; esto, para generar conciencia sobre la magnitud y lo terrible de la situación.
Para esta conmemoración se destacará el valor de la solidaridad como herramienta humana fundamental para generar empatía, además de mostrar los beneficios que los migrantes aportan a las economías y los países que los acogen, además de abordar las preocupaciones legítimas de las comunidades de acogida. Lo que en realidad trata la campaña es de reunir a todas y todos para recordar nuestra humanidad y promover la máxima utopía humana, una civilización pacífica, aunque la guerra sea el principal motor económico del mundo.
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