Citlalli López Velázquez
Sanciones severas, pero sobre todo la aplicación efectiva de éstas, demandó la activista feminista, Aleida Ruiz Sosa, al aplaudir las reformas al Código Penal que prohíbe en todo el país la cohabitación de personas adultas con menores de 18 años de edad, uniones conocidas como “matrimonios infantiles”.
“Estas prácticas discriminan e incluso matan, por eso necesitamos sanciones severas, pero también protección a corto y mediano plazo. México va muy bien, pero podemos hacer mucho más por el bien de las niñas, niños, de las infancias”, destacó.
La también bailarina de ballet y directora de la campaña “Que las niñas sean niñas, no esposas”, realizada desde el año pasado en localidades indígenas de Oaxaca indicó que, pese a que en Oaxaca desde 2013 quedaron prohibidos los llamados matrimonios infantiles, ésta sigue siendo una realidad tolerada y justificada en Oaxaca, no sólo en localidades de usos y costumbres.
Durante la campaña, Aleida Ruiz Sosa ha detectado y canalizado a la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) tres hechos distintos en donde las menores de edad viven en unión con hombres mucho mayores a ellas, en un caso una adolescente con una persona de 60 años de edad.
“Vemos que las leyes se hacen, están, pero no se respetan”.
De acuerdo con los datos expuestos durante la aprobación de la reforma que endurece las sanciones, 423 mil niñas fueron obligadas a casarse, 339 mil a través de un “robo” o intercambio.
Además, apuntaron que el matrimonio infantil afecta al 4.45 por ciento de las adolescentes entre los 12 y 17 años.
Con las reformas recientemente aprobadas por las y los diputados federales al responsable de este delito se le impondrá una pena de 8 a 15 años de prisión y una multa de entre mil y 2 mil 500 días.
La pena aumentará hasta en una mitad cuando se trate de integrantes de comunidades indígenas.
Ruiz Sosa indicó que, si bien es importante el endurecimiento de las penalidades, lo es mucho más llegar a la raíz del problema y combatirlo a través de la prevención.
“No es querer condenar a los usos y costumbres como algo malo malo o algo bueno bueno, pero hay diversas prácticas que dañan, discriminan e incluso matan”, expuso.
