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Bilbao, a la altura

Tatiana-Bilbao
Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Si en las últimas décadas la arquitectura se ha rendido por completo al capital y ha servido como plataforma para seguir con la explotación del planeta y la gente, Tatiana Bilbao (Ciudad de México, 1972) urge a que la disciplina sea un agente de cambio, sobre todo en un momento tan paradigmático de la sociedad.

Considera imposible seguir pensando en el proyectista como un planeado, sentado en una oficina dentro de un rascacielos, haciendo espacios donde todo el mundo tenga que vivir.

"Hay un momento en el cual la arquitectura tiene que repensarse, de ser un medio necesario para sobrevivir... La arquitectura, finalmente, sí provee de una de las necesidades básicas del cuidado de nuestro cuerpo, que es el refugio", refiere Bilbao en entrevista, pero cuestiona: "¿Cómo poder permitir que la arquitectura sea eso y no lo contrario, que es lo que pasa ahorita, un vehículo para la explotación?".

Desde California, donde ayer recibió el Premio Richard Neutra, en Cal Poly Pomona, la mexicana critica el proyectismo como base de una sociedad de producción basada en la "abundancia energética y económica".

"Me parece muy importante que la arquitectura tome hoy la delantera para ser plataforma para otra sociedad", acota la profesora visitante en Yale.

Un planteamiento que ha incorporado a su profesión, preocupada por establecer mecanismos de una práctica que no sea para la gente sino de la gente, donde cada uno pueda sentir que el espacio es suyo y que cubre sus necesidades.

Concibió con su estudio, por ejemplo, un prototipo de vivienda sustentable de tan solo 160 mil pesos, donde hizo justamente lo que postula: su staff salió de su oficina para entrevistar a sus potenciales habitantes.

Bilbao señala de forma crítica aquello que la arquitectura también produce: explotación e inequidad.

Pero ya aprecia un cambio, aunque todavía no radical, en el pensamiento detrás de la arquitectura.

"Con la crisis acelerada que el Covid nos trajo -más que una crisis económica, una crisis social evidente-, no hay tiempo que perder para que la arquitectura sea una plataforma para poder seguir existiendo en este planeta, y no me refiero solamente en términos ambientales sino también sociales", plantea.

Admite que al principio de su carrera no era lo suficientemente crítica como para entender la necesidad no sólo abrir canales hacia un proyectismo más asequible, social y sustentable, sino que había que transformar el sistema.

Algo, sin duda, mucho más difícil de lograr.

Bilbao ha reflexionado sobre cómo la búsqueda de la equidad y la democracia en el siglo 20 condujo a soluciones que han homogeneizado la forma de vivir, pero traído otros problemas.

La vivienda es un derecho constitucional en México, recuerda, por lo cual todos deben acceder a un espacio digno y disfrutable.

Pero, ¿cuál es la realidad?

Según la legislación mexicana, una vivienda se compone de una cocina, un baño, dos recámaras, una sala y un comedor; el modelo de interés social. Sin embargo, expone Bilbao, ésa es una forma de vivir que no es sustentable ni funcional para todos.

Es el caso de poblaciones mayas, donde no existe una unidad como tal que pueda dividirse en cocina, comedor, sala, baño, recámaras...

"Ahora han tenido que modificar sus formas de habitar porque, si no, no reciben subsidios, ni financiamiento ni títulos de propiedad; reciben en el censo una calificación de precario y, sin embargo, es una forma sustentable de vivir", ejemplifica.

Bilbao apunta a que la búsqueda de la equidad no significa estandarizar.

"Creo que el paradigma del siglo 21 es cómo llegar a la democracia y la equidad aceptando las diferencias, en todos los ámbitos. La arquitectura debe establecer mecanismos para entender que no podemos establecer tipologías ni hablar de que todos podemos vivir de la misma forma".

Es hora, como urge Bilbao, de repensar la arquitectura.

En pro del entorno 

El Premio Neutra, instaurado en 1980, reconoce las contribuciones que Richard Neutra, arquitecto austriaco-estadounidense, hizo a la práctica de la arquitectura a través de sus estudios, y que honra a "arquitectos y personas que han dedicado su carrera a la investigación, el diseño y el desarrollo de entornos innovadores en los cuales trabajar, vivir y jugar".

Arquitecto modernista, quien da nombre al premio fue profesor de la Universidad Estatal Politécnica de California, conocida como Cal Poly Pomona, hasta su muerte, en 1970.

De 43 premiados, Bilbao es apenas la cuarta mujer, tras Carme Pinós, Ilze Grinbergs Jones y Kim Abeles.

"Cuando vi (esa inequidad de género), me pareció sorprendente", comparte la galardonada este año.

Y sólo otro mexicano lo ha recibido: Enrique Norten, en 2015, y cuatro latinoamericanos más: Roberto Burle Marx, Jaime Lerner, Rafael Viñoly y Alejandro Aravena, también acreedor del reconocido Premio Pritzker.

Pero este último no es el único Pritzker con la distinción. A él se suman Frank O. Gehry, Thom Mayne, Renzo Piano, Tadao Ando y Toyo Ito.

"Es un reconocimiento y una responsabilidad poner tu nombre en esa lista", asegura Bilbao. "Hay que estar a la altura".

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