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La magia de los títeres, tradición viva con 50 años de historia

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Nadia Altamirano Díaz

Por unos segundos el interior de la carpa oscurece casi en su totalidad. Suenan las mañanitas y el telón rojo aterciopelado se descubre para mostrar en el escenario a un títere recostado en una mesa, de unos 30 centímetros. Con la ayuda de hilos de dos metros anudados a su cuerpo, el primer personaje empieza a moverse.

Los cinco títeres que poco a poco comienzan a aparecer en la obra Un amanecer ranchero, se mueven y tienen voz por Aaron, David y Miguel Ángel; tres hombres que a la par de su educación básica se formaron como titiriteros.

Para David Morales Bustamante, cada rincón de la carpa, ya sea el telón, las bambalinas, pero más las marionetas, huelen a su padre, Cecilio Morales Cortés, quien falleció en el año 2006, pero dejó un legado en el arte popular que convierte a los Títeres Morales en una de las tres compañías de títeres de teatro carpa.

Con 50 años de vida

En la cuarta fila de la carpa los ojos de Inés, una mujer de 72 años, se iluminan con la misma alegría que muestra su nieta Sara, de nueve años, quien por primera vez presencia una función de títeres movidos por hilos y que no imaginó que fueran tan divertidos.

En un telón también de terciopelo rojo, pero más grande porque está a la entrada de la carpa, Martha Bustamante está atenta a todo lo que ocurre y por momentos los recuerdos la remontan a los años setenta, cuando ella y su esposo Cecilio cumplían su primer año de casados y decidieron formar su propia compañía de títeres.

“Nuestra primera función fue en Tlacolula de Matamoros, al año de casados”, rememora una mujer que antes de conocer a su esposo Cecilio los títeres le significaban una fascinación.

Cada que Títeres Victoria, compañía fundada en 1937 por su suegro Fernando Morales León, se instalaba en las calles aledañas a la Basílica de la Virgen de la Soledad o en inmediaciones del Paseo Juárez El Llano por la festividad de la Virgen de Guadalupe, Martha no se perdía las funciones de títeres.

Sin saberlo, Pedro Bustamante, el padre de Martha, era amigo de Fernando Morales, padre de Cecilio, y ella siempre tenía boletos para las funciones de títeres.

“Mi papá nos daba los boletos que le regalaban y siempre íbamos a los títeres, a la Soledad, al Llano o a la calle 20 de Noviembre, cuando era la fiesta de San Juan de Dios”, cuyo templo se ubica en el centro de la ciudad de Oaxaca.

Ya casados, cuando su suegro les propuso formar su propia compañía, Martha le dijo a Cecilio que ella le ayudaba; de tanto acudir a las funciones se sabía los diálogos de todas las obras.

Por más de 30 años Martha y Cecilio, junto con sus cinco hijos, recorrieron las ferias que se montaban por las fiestas patronales de municipios en Valles Centrales, la Costa y el Istmo, hasta en el 2006 que él falleció.

En ese momento de duelo a Aaron, el tercer hijo de la familia Morales, debió decidir si seguía ejerciendo como licenciado en administración o continuaba con la tradición de títeres de teatro carpa al frente de la compañía familiar y uno de los primeros pasos fue renovar la estructura, respetando los colores y el diseño original.

Como sus tíos, todos sus hermanos de Aaron aprendieron el arte de mover y hacer hablar a las marionetas, pero sólo David y su sobrino Miguel Ángel le ayudan para que cada fin de semana, de viernes a domingo, el teatro carpa cobre vida.

Para Miguel Ángel, de 18 años, manejar uno o más títeres no significa ninguna complicación, pues aprendió a hacerlo desde los seis años y más que un trabajo “es una pasión que no me representa dificultad, me gusta esto”.

Crearlos en su totalidad

A temprana edad Aaron no sólo aprendió a mover títeres, sino también a elaborarlos, como una réplica de Gloria Trevi que creó a los 15 años, de la guía de su padre, para después dar paso a una nueva generación de marionetas que miden 50 centímetros y están talladas en madera.

Entre los títeres que utilizan para montar 30 obras y aquellos que han guardado, en casi 50 años han forjado 370 que dejaron de actuar por casi dos años, por la suspensión de actividades recreativas como medida de prevención de contagios de COVID-19.

“Con la pandemia se cerraron todos los espacios y no podíamos dar función. Nosotros también el sufrimos y tuvimos que retomar otras actividades, como la docencia”, expresa Aaron, quien está por concluir una segunda licenciatura en artes y escribe la historia de los títeres en teatro carpa, una tradición que tuvo su auge después de la Revolución, pero que en el país permanece sólo en Oaxaca, Aguascalientes y Saltillo, Coahuila.

 

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