Nadia Altamirano Díaz
Amalia está segura que de no haber llevado a su hijo Emiliano con una psicóloga infantil, él no hubiera podido comprender su duelo por la muerte de su abuela materna e intensificaría su irritabilidad y enojo.
“Decía que se quería morir para matar a Dios porque él se llevó a su abuela”, recuerda Amalia, cuyo hijo estaba por cumplir seis años al momento de morir su abuela Irma.
Cuando Irma enfermó, en junio de 2020, todavía se desconocía mucho sobre la COVID-19 y antes del diagnóstico ella acudió con tres médicos, quienes no pudieron identificar la enfermedad a tiempo.
Emiliano “estaba en negación total porque cuando nos fuimos al hospital mi mamá le dijo que iba al doctor y al rato regresaría, pero ya no lo hizo, sólo la vio dentro de su ataúd, eso lo hizo sentir que su abuela le mintió”, reflexiona.
La psicóloga con quien acudió dos meses después, cuando Amalia dejó de dar positivo a la prueba de detección del virus SARS-CoV-2, le explicó que de haber ignorado los signos de alarma en Emiliano, éstos se pudieran agravar experimentando problemas de sueño y su estado de ánimo que pudieran llevar a un diagnóstico de depresión.
Sin datos sobre depresión infantil
De 2020 a la semana número seis de este 2022 la Secretaría de Salud Federal reporta 2 mil 406 casos de depresión en Oaxaca, pero no se señalan datos desagregados por edad y los Servicios de Salud de Oaxaca carece también de estadísticas.
La coordinadora Estatal del Programa de Salud Mental de los Servicios de Salud de Oaxaca, Erika Ruiz Santiago, reconoce que a pesar de que el enfoque preventivo se trabaja en todos los niveles de atención, en los 150 de 700 centros de salud que cuentan con psicólogos no se tiene un registro de niñas, niños o adolescentes que muestran signos de depresión.
La también psicóloga clínica con formación en terapia cognitiva conductual hace notar que muchas familias normalizan que un hijo o hija sea berrinchuda, desobedezca, externe flojera, duerma en exceso, tenga bajo rendimiento escolar o disminuyan sus calificaciones sin que busquen a un especialista para pedir ayuda “porque no todos podemos con todo”.
Factores de vulnerabilidad
Los factores de vulnerabilidad que hacen propenso a un menor a deprimirse es un entorno familiar demasiado rígido, antecedentes de violencia, que descubran que su identidad es distinta, problemas crónicos de salud, trastornos de tipo psiquiátrico al interior de casa, el poco reconocimiento de su familia sobre su logros, un divorcio ríspido de su padre y su madre, abuso emocional o sexual, así como la muerte de un ser amado.
La depresión, alerta la psicóloga Ruiz Santiago, es un padecimiento de los trastornos de los estados de ánimo que en la infancia pueden experimentar por igual niñas o niños y que después de la adolescencia se acentúa más en las mujeres.
Si hay irritabilidad extrema, poca concentración, disminuye la capacidad de disfrutar del juego, si no existe ninguna motivación o deseo de interactuar con la familia, duerme mucho, muestra rasgos de agresividad o tiene pensamientos recurrentes de muerte o quiere irse de casa, es momento de buscar ayuda con un especialista en piscología o psiquiatría.
“Un solo síntoma no es suficiente, pero si puede ser un signo de alarma en esta época que nos ha tocado vivir por la pandemia”, asienta.
