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Estas letras que lees: Recuerdos del 5 de febrero

edificio.
Foto(s): Cortesía
Luis Ángel Márquez

Rodrigo Velásquez Torres

 

Hace 105 años, el presidente Venustiano Carranza convocó a delegados representantes de todos los estados de la República para la formación del Congreso Constituyente, quienes serían los encargados de redactar una nueva constitución que habría de regir la vida política y civil de la Nación, una vez terminados los conflictos revolucionarios, que tanto daño hicieron a la patria.

El congreso constituyente tuvo como sede la ciudad de Santiago de Querétaro. En ella se reunieron, del 1 de diciembre de 1916 al 31 de enero de 1917, 151 representantes de los estados nacionales, en el entonces “Teatro Iturbide”, ahora “Teatro de la República”. Se trató de un evento único en la historia del país, debido a la trascendencia de los trabajos de la asamblea, pues es el cimiento de las bases jurídicas del nuevo estado mexicano. Mismo que hasta la fecha continua vigente con todo y las múltiples reformas y actualizaciones que se le han realizado.

Fue más que casualidad que el constituyente se reuniera en Querétaro, nombrada en aquellas fechas, capital de la República. Carranza buscaba conseguir a toda costa que los delegados se mantuvieran lo más concentrados posibles, evitando toda distracción que podría haber existido en la Ciudad de México en esos años y que sirvieran de distractores para tan noble tarea, la de formar una Patria. También servía para que los delegados de todo México conocieran el lugar donde el 15 de mayo de 1867, el general Mariano Escobedo y sus fuerzas, lograron derrocar al Emperador Maximiliano I, terminando así con el Segundo Imperio Mexicano y dando cabida a la instauración de la República. Un suceso de vital importancia en la historia de nuestro país.

Recordemos que para el constituyente de 1917 quedaron excluidos las facciones villistas y zapatistas, siendo formado en su mayoría (o en totalidad) por personas constituyentes, es decir: leales a Carranza. Con esto se dejó de fuera a un gran porcentaje de población que había participado durante la lucha revolucionaria, privilegiándose más al compañerismo y la lealtad que la oposición y el contraste de ideas, una jugada tradicional en el ajedrez político.

Con la redacción de la Constitución de 1917, la nación mexicana se ponía a la altura de las grandes naciones del mundo. En sus artículos se reflejan los avances obtenidos en materia de educación, laboral y agrario. La Constitución Mexicana es, en sus orígenes, un grandísimo esfuerzo por parte de un grupo selecto de personas por brindarnos códigos que rijan y modelen el comportamiento social y político de este país. Si el mexicano gustara en  respetar las normas y fijara sus acciones en el respeto a las leyes además de la sana convivencia, eventualmente trazaríamos una ruta de apoyo a la patria, una ley orgánica natural (y no civil) que permita amar a este país y darle lo mejor que tenemos.

 

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