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Arroyo Los Reyes: semillas de esperanza

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

ARROYO LOS REYES, Ejido de Santa María Zaachila, Oaxaca.- En diciembre del año pasado, la pequeña presa se secó. Hoy, es un extenso arenero, rodeado de lomas pelonas y una sinuosa carretera de arenilla blanca, con algunos matorrales. La sequía y deforestación transformaron las cañadas en hondonadas de tierra colorada y dura, estéril e improductiva. Por eso, los ejidatarios se dieron a la tarea de sembrar árboles para mitigar el daño al suelo.


“Lamentamos que no haya lluvias, que el clima cambie de manera drástica, que los cultivos ya no sean como antes, pero nadie hace nada para revertir esta situación, no hacemos nada por reforestar, por la naturaleza”; coinciden en señalar los hombres y mujeres que con cubetas suben la loma para regar pinos y pochotes.


Con agua que se acarrea en camionetas, los ejidatarios se dispersan por todo el lomerío para mitigar la sed de las plantas. Sin importar el intenso calor o lo accidentado del terreno, hombres, mujeres y niños, suben y bajan en un periplo interminable.



Los ejidatarios, cada sábado realizan tequio para reforestar las lomas y hondonadas. FOTO: Mario Jiménez 

“Cumplir con la naturaleza”


El comisariado ejidal José Coronel Martínez señala que el propósito de los tequios que realizan cada sábado en las tierras de uso común del ejido, es devolver a la naturaleza lo que muchos le han arrebatado; “por eso, desde hace varios meses decidimos llevar a cabo la reforestación de estas lomas; hoy vemos que la labor de hombres y mujeres está dando fruto, porque ya tenemos una buena extensión sembrada de pinos, pochotes, aguacate y limón.


“Nosotros coincidimos con muchas personas cuando señalan que para exigir a la naturaleza debemos cumplir con ella; le hemos quitado, le hemos arrebatado, entonces ahora es tiempo de darle algo, aunque sea un poquito”.



Ante los pinos sembrados, añade que sin embargo, la maldad humana no conoce límite. “Vean estos pinos, ya iban creciendo muy bien y gente enferma vino y les echó diesel; ahora se están muriendo, porque con este tipo de acciones también se hace uno de enemigos, por eso ahora nos organizamos para vigilar el lugar”.


Manifiesta que esta zona ha sido pretendida por paracaidistas, desarrolladores de vivienda y hasta sus vecinos de la agencia La Lobera, del municipio de Santa Inés del Monte, cuyos animales pastaban en las cañadas y lomas; por eso se están cercando los límites de los bienes ejidales.


- Cuántas plantas han sembrado?


-12 mil árboles. No hemos hecho el censo, pero calculamos que pegaron 11 mil.



Los aguacates podrán generar recursos económicos adicionales para los ejidatarios. FOTO: Mario Jiménez

“Aquí había mucha agua"


El ejidatario Virgilio Martínez Vásquez comenta que los tequios son muy buenos, porque con los árboles va a haber más vegetación y, por tanto, más agua. “Aquí antes había mucha agua, bajaba bastante agua de los cerros, pero vean cómo ya todo se secó, la presa está llena de arena”.


Expresa que otro problema es la costumbre de los habitantes del lugar de quemar los pastizales. “Como no tienen control del incendio, luego se queman hasta los árboles, como pasó hace una semana en las lomas de allá enfrente, donde ya habíamos avanzado en la reforestación”.


“Luego dicen que el fuego se prende solo, pero no. Hay gente que es malosa, que no piensan que no perjudican al ejido o los ejidatarios, todos nos jodemos, porque una vez que no hay vegetación, pues la sequía es para todos”.


-¿Todos los sábados vienen?


-Todos los sábados porque hay que sembrar y regar los árboles.



Cerros y lomas pelonas exhiben la indolencia humana. FOTO: Mario Jiménez

“Es una obra grande”


La eijdataria Socorro Peralta dice que la reforestación es una obra grande, “que intentamos que se lleve a cabo porque da tristeza cómo nuestras montañas están tan pelonas, cómo las personas no comprenden la falta que nos hacen los árboles”.


En un pequeño descanso de su labor, afirma que los ejidatarios de Zaachila están luchando para mejorar el medio ambiente, la naturaleza, “pero a veces la gente no nos deja, es muy malvada, viene y troza los arbolitos; además, meten los chivos o su ganado y cuando regresamos los árboles están a la mitad; eso da mucho coraje que la gente no comprenda que lo que hacemos no es para nosotros que ya estamos viejos, sino es para los niños, nuestros hijos y nietos”.


LOS BIENES EJIDALES


1 mil 800 hectáreas de terrenos ejidales de uso común

10 mil metros cuadrados en cada una de las 956 parcelas


 


Pide a la gente comprender que es necesario plantar árboles, “por el bien de nuestras propias familias, de las comunidades”.


“Por eso algunos venimos cada semana a dar tequio, no faltamos, hay incluso muchos que no son ejidatarios y están caminando con nosotros, traen sus camionetas y acarrean el agua, cada ocho días; ésa es la gente que quiere que no se acabe la naturaleza, que los árboles lleguen a crecer y atraigan agua, eso es lo que buscamos; aquí nos cuesta mucho venir a regar porque a veces no tenemos agua”.


Dice que la subida es pesada, sobre todo con las cubetas llenas de agua; “es duro subir y bajar, pero todos lo hacemos con amor porque nos interesa volver a tener áreas verdes, como la zona donde se plantaron los sauces, que hoy hasta los niños de la escuela primaria vienen a visitar porque hay mucha sombra”.

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