Alejandra Carrillo / Agencia Reforma
Santorini (Nieve de Chamoy, 2020) es un libro de poemas eróticos de la autora mexicana Vivian Sánchez Barajas (Mexicali, 1978), pero también es una historia narrada en poemas que tienen a Grecia como escenario.
Es, en parte, autobiográfico. Pero es también una evocación a una libertad sexual que añora.
"El erotismo es parte esencial de Santorini, pero también tiene una contraparte del eros, un eros agridulce, la contraparte del deseo y del amor erótico: la ausencia, el dolor, la angustia", cuenta la autora.
La voz poética de Santorini es una mujer que está en busca de ella misma y que vive una historia de amor tormentosa. La isla, dice Vivian, es una analogía del personaje principal.
"Empecé a ir a Grecia en 2007, por un amor que tuve, ahí sucedieron muchas cosas que para mí era importante contar y dejar un testimonio. Nació de allí, basado en mi propia experiencia. Las islas y la cultura griega son muy distintas, hay en la antigua Grecia una sexualidad que no hemos vivido ni experimentado aún, una sexualidad más abierta, más libre. Ni siquiera existía el término homosexualidad, para empezar y acabar pronto", dice.
La autora, además es dramaturga y performer, la esencia transgresora siempre ha estado allí y se ha relacionado con el empoderamiento del cuerpo y el deseo.
La poesía es en ese sentido el género literario que más ha estado junto a ella, publicó su primer libro a los 16 años.
Su intensidad, dice, tiene un gran poder en todos los seres humanos.
"Lo que te va transmitiendo solo lo logra la poesía: las emociones, las imágenes, los pensamientos, las sensaciones, la poesía lo logra en breve. Un poema lo puedes memorizar y llevarlo contigo hasta el día de tu muerte".
El libro cuenta esta historia apasionada a través de varios capítulos para que el lector pudiera llevar un hilo conductor narrativo que empieza con los antecedentes del personaje y, por ende, de la misma autora.
"Quería que el lector viera de dónde salió esta mujer, cómo es su familia, de un pueblo conservador donde no se habla de sexualidad, una soledad muy profunda en su entorno familiar y una especie de rechazo por ser quien es", dice.
"Somos una cultura mexicana, latina, con muchos prejuicios, estigmas y una doble moral predominante y un juicio permanente a las mujeres, hemos vivido con esa sombra de no tener derecho a nuestro propio deseo, por eso el arte siempre tiene que ser provocador, ojalá que este libro sea una provocación".
