Citlalli López Velázquez
Preparación de comida, arreglo del hogar y atención a visitantes, estar disponible y agradar, todos estos elementos forman parte de exigencias sociales de las festividades de fin de año que recaen en las mujeres.
Con círculos de reflexión, buscan desnormalizarlo.
“Todo el año las mujeres tienen cargas laborales, pero en fin de año se refuerzan porque se trata de festividades que implica la realización de comida, arreglo del hogar y atender a las personas, se duplica, triplica y varias veces más las cargas de trabajo, porque las que coordinan y ejecutan las actividades son las mujeres”, señaló Eduarda Betzabé Peralta, integrante del Instituto de Género, Familia y Comunidad (Igefam).
La coordinadora de “Las historias que nos piensan en fin de año”, conversaciones para el acompañamiento entre mujeres y psicóloga feminista refirió que además del plano utilitario también existe una doble carga en el plano emocional y afectivo, pues en fiestas de fin de año también se exige a las mujeres estar dispuestas, disponibles, agradar y lleva implícito lo emocional.
Por ejemplo -dijo- el adorno de una casa, elemento que es tomado erróneamente como una representación de amor o como la construcción de hogar, simbolismos que han sido normalizados en detrimento de las mujeres.
“Va desde esto hasta si tienes que estar disponible para la cena: hacerla y servirla no importa si esto te trae recuerdos, no importa si estas nostálgica, no importa si estas recordando a un familiar que ya no está porque pareciera que tampoco tenemos acceso a esa emocionalidad”, subrayó.
"Historias que nos piensan"
Igefam es una organización que brinda acompañamiento psicológico a mujeres que resisten a la violencia.
Quienes forman parte del círculo de reflexión han sido atravesadas en alguna ocasión o de alguna forma de violencia ya sea simbólica, estructural, cultural, física, verbal o sexual.
En “Historias que nos piensan” también plantearon la exigencia que hay de cerrar el año con proyectos e iniciar el siguiente con muchas metas.
“Todo esto nos lleva a una exigencia con remolinos emocionales que crean como un efecto luces de navidad que se prenden y se apagan”.
Eduarda Betzabé Peralta destacó que frente a estas exigencias las mujeres deben tomar el control de lo que hacen, saber que si no cumplen esos deberes no son malas mujeres o malas madres.
“Es importante escucharnos entre mujeres y escuchar que hay otras que piensan igual, resonarnos en otras historias”, destacó.
