Rodrigo Velásquez Torres
Estamos empezando a recorrer los últimos días del año; sin lugar a dudas, se trata de fechas cargadas de significado para todas y todos quienes hemos atravesado por estos años indescriptibles dentro de la historia humana, pues quienes todavía nos acompañen en este plano mundano y terrenal, estamos siendo testigos presenciales de escalofriantes situaciones, cuyas consecuencias y repercusiones se darán a notar en próximos años.
La fatalidad a la que nos enfrentamos ha demostrado lo frágil que el ser humano es como especie habitante en este planeta. Las celebraciones que se realicen estarán acompañadas de fuertes sentimientos cruzados; la alegría tradicional de las fechas se encontrará con las múltiples sillas vacías que se verán en las casas de todo el mundo. Será una situación que chocará en la mente y corazones de todas las personas.
La situación a la que como especie nos enfrentamos pone en el centro de la mirada, la terrible y patética desigualdad dentro de la sociedad humana, pues los esfuerzos de las grandes potencias mundiales para salir adelante, dejan de lado al resto de las naciones, quienes desde sus humildes posibilidades, luchan por la oportunidad de sobrellevar la situación, contra todo viento y marea.
Las naciones que carecen de grandes posibilidades de desarrollo, como la nuestra o las del resto del continente, exceptuando los voraces países del norte, dependen del apoyo internacional para sobrevivir, pues con sus propias limitaciones parece imposible atravesar las calamidades innecesarias que han venido a presentarles, careciendo de posibilidades mínimas de desarrollo y crecimiento en todos los sentidos, especialmente en la calidad de vida ofrecida a quienes habitan, ocasionando con ello un fenómeno social tan natural como indeseado: la migración.
Todas las especies migran, desde las aves hasta las ballenas (pasando por las mariposas); sin embargo, los procesos animales naturales de migración se realizan en tiempos y épocas específicas, situaciones que se repiten año con año y que contribuyen a establecer un equilibrio natural entre las especies; sin embargo, la migración humana trae consigo el triste reflejo de la realidad de nuestra sociedad actual, en donde se desprecia lo diferente, reconociéndolo como algo ajeno a sí mismo, pues en su cerrazón mental e ideológica, pretenden impedir que los "extraños" lleguen a su territorio y están dispuestos a utilizar todos los recursos posibles para conseguirlo, incluidas (y sobre todo) sus fuerzas militares.
El uso de la fuerza para detener las migraciones humanas ante esta situación que estamos atravesando, presupone una apatía hacia el prójimo con el objetivo de salvaguardar los intereses propios, demostrando una característica ontológica de esta sociedad: el individualismo exagerado, defensor de lo propio y en contra de todo aquello diferente a lo que observa en el espejo, poniendo de realce lo limitado de su ser y lo patético de la realidad en la que viven.
Actualmente vivimos una realidad miserable, que nos enfrenta y divide en lugar de proponernos posibilidades de engrandecimiento como especie, y si seguimos por ese camino podemos estar conscientes y seguros que ni la paz, ni la prosperidad, estarán en los corazones de las personas.
Contacto y réplica:
"Vivimos una realidad miserable, que nos enfrenta y divide en lugar de proponernos posibilidades de engrandecimiento como especie, y si seguimos por ese camino podemos estar seguros que ni la paz, ni la prosperidad estarán en los corazones de las personas".
