Jacinto Nicanor
Para lo que hoy les voy a contar, usaré la frase que María Clara -una linda Niña de Luz-, emplea de manera muy simpática:
"Vean esta maravillosa maravilla".
Y sí que es maravillosa, ya que es la historia de cómo llegó a este bello pueblito, nada menos que El Padre Chema.
Resulta que Chema decidió hacer un retiro para damas, para lo cual preguntó dónde se podría hacer y tres personas coincidieron en sugerirle Aguabonita, como el lugar ideal.
Al llegar buscó al padre Antonio (su antecesor), quien le dio información y toda clase de apoyo.
Esa mañana, a pocas horas de comenzar el retiro y ya con todas las participantes presentes, el padre Chema no se sentía nada bien espiritualmente, a tal grado, que fue nuevamente a ver al padre Antonio para contarle de su terrible "desencuentro interior".
-Padre Antonio, creo que no debo ser yo quien dirija el retiro, por favor hágalo usted.
-No Chema, es tu ministerio, debes ser fuerte de espíritu, tú puedes. Aún hay tiempo para que hagas lo que te voy a indicar: mira, muy cerca de aquí, está la Arboleda del Reencuentro; en medio de ella encontrarás un reclinatorio; ve, hinca tus rodillas, ya verás que vas a vivir una experiencia maravillosa, anda, tente fe. Le voy a pedir a "Chucho Canica" que te guíe.
Cuenta Chucho, que esa vez el corto recorrido le pareció largo; quizá, por el silencio solamente interrumpido por los disimulados sollozos del padre Chema.
Poco antes de llegar, un fuerte zumbido (que no percibió el buen Chema), hizo voltear a Chucho; se trataba de un enjambre de abejas que se arremolinaban -cual si fueran buitres- sobre el padre; éste, sin percatarse, llegó al rústico reclinatorio y se postró.
Platica Chucho, que Chema -que se veía como hipnotizado-, fue completamente cubierto por las abejas, que parecían devorar un desagradable y denso halo que manaba del padre. Poco a poco, las abejas se fueron retirando y con ellas, también se fue una desagradable energía y un olor muy feo (y pesado). Cuando reaccionó, con una sonrisa traviesa, casi angelical, el padre Chema preguntó:
-¿Viste Chucho? Esto sí que es más de lo que imaginé, ¡qué maravilla!
Al término del retiro, ambos padres se abrazaron y en voz baja se escuchó decir al padre Antonio:
-Haz los trámites para que te manden para acá, Chema; éste es tu lugar, yo ya pedí que me retiren, ya me siento muy grande.
Como si ella hubiera sido la testigo -y no Chucho-, María Clara cuenta la anécdota (dicen), más sabroso que el mismo Chuchín.
(Del Cuento "Tu Sonrisa", de Jacinto Nicanor).
