Nadia Altamirano Díaz
Elizabeth habla serena. Decidió tomarse un tiempo para descubrir qué pasará con sus emociones. Apenas el miércoles su familia enterró a Ricardo, su hijo de diez años que tras una recaída sumaba cuatro años tratando de superar una leucemia, pero sobre todo la falta de medicamentos oncológicos y la desatención médica que enfrentó el domingo en el área de urgencias del Hospital General de Salina Cruz.
“Me lo rechazaron porque no había un pediatra”, dice remoliendo aún la rabia que le brota de las entrañas y le hace preguntarse cuánta humanidad puede haber en médicos generales que se negaron siquiera a revisar a Ricardo antes de rechazarlo.
El domingo Ricardo comenzó con problemas estomacales. Elizabeth se comunicó por teléfono con su doctora en el Hospital de la Niñez Oaxaqueña, con quien tenía cita el lunes por quimioterapia, por lo que el viaje de 280 kilómetros en transporte público ya estaba contemplado.
Recetar un medicamento fue la primera salida, pero al ver que los malestares empeoraban, la especialista le indicó que debía ir al hospital más cercano y así lo hizo Elizabeth, quien lo que menos esperaba es encontrar un rechazo.
Rechazo“Me llevo la sorpresa de que no había pediatra, yo les dije que ellos lo podían atender, pedí que lo revisaran porque él era un paciente oncológico”, pero la primera médica general que la escuchó se dio la vuelta para evadirla justificando que no era especialista.
Elizabeth no se dio por vencida y esperó a que otro médico saliera; al interceptarló le explicó los malestares que enfrentaba, pero además de insistir que no había pediatra en el hospital, le indicó que estaban por iniciar una cesárea sin luz eléctrica en el quirófano, porque se acababa de ir la luz. La única salida es que una pediatra particular que había llevado la familia aceptara atenderlo al terminar la cirugía.
“Mi nene estaba desesperado, se sentía con ese malestar en la pancita, lo acosté tantito, me dijo que se sentía mareado, pasaron los minutos y nadie salía”, recuerda.
En ese momento analizó con su esposo Javier si era peor perder el tiempo esperando por una atención que no querían ofrecerle a Ricardo, o tomar un taxi especial que los acercara a Oaxaca.
Ya en el taxi, Elizabeth llamó a la directora de la Asociación Con Causa, Elena García, explicando lo que pasaba con Ricardo y pidiendo que la apoyaran con una ambulancia que por la noche les interceptó en San Pedro Totolapan. Ricardo ingresó al Hospital de la Niñez, pero ya en muy malas condiciones porque en el camino tuvo crisis convulsivas.
Impotencia y rabiaEl lunes que Ricardo estaba en terapia intensiva, Elizabeth se enteró que el titular de los Servicios de Salud de Oaxaca, Juan Carlos Márquez Heine, y una diputada llegarían al Hospital de la Niñez para abordar la falta de medicamentos oncológicos, pero entre la preocupación no tuvo cabeza de ir a reclamarle la falta de médicos que agravaron la salud de su hijo.
“Si lo hubieran atendido acá, como me dijo su doctora, se iban a dar cuenta cómo estaba su presión y que tenían que canalizarlo para la deshidratación que estaba enfrentando su cuerpecito, pero no lo quisieron atender y por eso llegó muy mal al Hospital de la Niñez”, expresa conteniendo una rabia que todavía no sabe si la canalizará en una denuncia penal.
“Voy a ser la voz de mi hijo, no voy a dejar esto así, ya estoy un poco tranquila, pero tengo la impotencia y una rabia que me da recordar que lo traía en la carroza, no lo voy a dejar, voy a ver la manera de hacer algo porque no es justo que haya pasado esto con Ricardo”, se repite una mujer que se mantiene fuerte para que su hija Dalia y Geraldine no la vean flaquear.
“A lo mejor mañana o pasado sienta más la ausencia de él”, admite y de inmediato asocia la fuerza que demostró desde sus seis años que le diagnosticaron leucemia, aún sin entenderla y su capacidad para animar a otros niños con cáncer e incluso a los papás y mamás para que no se “rajaran”, una petición a la que Elizabeth quiere ser fiel.
