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De la historia de los padres, al hoy de los hijos; la crisis de hoy

Consultorio del alma cuenta conmigo
Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

Alejandro José Ortiz Sampablo / Cuarta de cinco partes

Al poco tiempo de haber ingresado al trabajo, Pedro comenzó a no llegar a su casa, pues le resultaba mejor quedarse en la comunidad a donde salía a vender y así empezar temprano a trabajar. Sin embargo, Judith no recibía beneficio del esfuerzo, pues al finalizar la semana, su esposo le daba muy poco dinero para los gastos, con la excusa que la venta estaba floja o que lo habían asaltado. Pero sus palabras siempre escondían una mentira.

El desamor y víctimas

En los meses que Judith estuvo sin sueldo adquirió deudas, que aunado a la sospecha de que su esposo le era infiel, hacía que tuviera los nervios a flor de piel, por lo que a la menor provocación, su estado de ánimo pasaba de la mediana alegría, al enojo o a la tristeza. No es difícil suponer que, quienes recibieron las consecuencias de estos cambios de ánimo, fueron sus dos hijos. La situación se puso más crítica para Judith cuando quedó por tercera vez embarazada, en plena crisis económica y matrimonial.

Cada ocasión que a la madre de Alondra se le desbordaban los celos, Pedro le decía que estaba mal, que fuera con el psicólogo porque eso era una enfermedad, que se estaba volviendo loca. Cosa diferente a otros momentos cuando Judith le reclamaba su irresponsabilidad con la familia, pues él solo respondía “qué te digo” o simplemente se quedaba callado, situación que incrementaba más la impotencia y el enojo de ella.

El inicio del final

Para cuando Judith comprobó la infidelidad de su esposo, habían transcurrido cuatro años de aquella tarde que encontró la envoltura de condón en el patio de su casa. Alondra estaba por cumplir los diez años. Durante esa época, Pedro siguió siendo el hombre amoroso que era, principalmente con sus hijos, con quienes en ocasiones hacía complicidad, en cosas simples, como al ir a la tienda y comprarles golosinas, o comer pizza cuando Judith no estaba, a lo que siempre les repetía, “no le digan a su mamá, ya ven cómo se pone”. Con frases de ese tipo, reforzado con la posición de víctima que adoptaba Pedro, en Alondra se fijó la idea que su madre era la responsable de la infelicidad de su padre, así como de la separación, lo que nunca le perdonó.

La caída

A Judith se le hizo insoportable la presencia de Pedro, le expresaba que se fuera de su casa, pero a él parecía importarle poco. Finalmente, ella acudió con una abogada que realizó los trámites pertinentes para que se ejecutara la separación, lo que hizo que Alondra se enfureciera con su madre. El padre amoroso que había sido Pedro, a los pocos meses de la separación se fue desvaneciendo y alejando, con el pretexto que no tenía dinero y tiempo. Un día dejó de buscar a sus hijos y desapareció de sus vidas, de lo que Alondra siempre responsabilizó a su madre.

Esta historia, aunque ficticia, a muchas mujeres les resultará conocida, pues finalmente conserva los matices del desamor.

Continuará el próximo sábado…

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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