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De la historia de los padres, al hoy de los hijos

CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO

Alejandro José Ortiz Sampablo

Apresuradamente, Juan se acercó en auxilio de Alondra; sabía que no podía ser torpe en la oportunidad que el destino le acababa de presentar; aquella tarde fue el hombre más caballeroso y prudente que pudo ser. La llevó a su casa, la esperó y regresó a la escuela; ella vivía a no más de diez minutos de la Facultad. En el camino, él solo prestó oídos a lo que Alondra le platicaba.

Sueños; el inicio

Al siguiente día, él hizo lo que tantas veces procuraba, coincidir con ella en el pasillo de entrada; pero en esa ocasión se acercaría a hacerle conversación, de esta manera tuvieron su primera cita. Juan le propuso que lo acompañara al cumpleaños de su hermana, a quien festejarían el sábado por la tarde. Él pasó por ella a la hora acordada; cuando llegaron a casa de los padres de Juan, Alondra quedó fascinada con el ambiente de familia que la acogió, al ver a padres, hijas e hijo interactuar; imaginó pertenecer a ella, pues siempre soñó con una familia así, unida y feliz.

En la reunión, Juan mostró su gusto por el alcohol, más cuando llegó su primo Pedro, quien era de la misma edad; pero la situación pasó desapercibida para Alondra, de igual manera le dejó de importar que Juan no era su tipo, pues ella en ese momento comenzó a vivir sus fantasías, se imaginaba casada con él, teniendo la familia que siempre quiso. Al finalizar la fiesta, Juan la llevó de regreso a casa, y antes de subir al automóvil, al abrirle la puerta le arrebató un beso al cual ella accedió, pues con ello se sellaba su fantasía.

Los velos del amor

Las siguientes semanas fueron de idilio, cada tarde se escapaban al bar que se encontraba cerca de la Facultad; de esta manera, Alondra también comenzó a encontrar cierto gusto por el alcohol, pues se olvidaba de pensamientos que la agobiaban, de los cuales el más recurrente era el de sentirse mala mujer, pues aún no podía terminar la relación con su jefe, lo que reforzaba su sentir de no merecer a tan buen hombre, Juan.

Pero como a muchas mujeres les sucede, ese sentimiento de culpa en alineación con el de no sentirse merecedora de lo que vivía con Juan, auxilió a mantener el espejismo del hombre que ella misma creó, ya que en las charlas que sostenía con él, así como su comportamiento, hasta cierto punto déspota que comenzó a tener hacia ella, era evidencia que Juan no era el príncipe que ella creía.

Cuando comienza la rutina

No pasaron más de seis meses cuando a Juan se le pasó el entusiasmo por su amada, y aun cuando se sentía muy enamorado, él comenzó a privilegiar su gusto por el alcohol y sus amigos sobre Alondra, a quien el trabajo la comenzó a absorber un poco más, por lo que las tardes de farra a su lado tuvieron que terminar. El distanciamiento, ambos no lo sintieron, pues por un lado él se perdía entre el vicio y los amigos, y ella en la escuela, el trabajo y su sentimiento de culpa.

Continuará el próximo sábado…

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