Agencias
La Masacre de Realengo fue un hecho acontecido el día 7 de abril del 2011, en la ciudad de Río de Janeiro, en Brasil, en la Escuela Pública Municipal Tasso da Silveira, ubicada en el barrio de Realengo.
Un antiguo estudiante, de nombre Wellington Menezes de Oliveira, abrió fuego contra un grupo de alumnos de la escuela primaria asesinando a 12 niños y causando unos 20 heridos, para posteriormente quitarse la vida al verse rodeado por las fuerzas policiales de la ciudad.
Comete la masacre
Wellington Menezes de Oliveira, de 23 años de edad y exalumno del colegio Tasso da Silveira, entró en el centro educativo afirmando que era un conferenciante que iba a participar en un seminario que estaba previsto.
"Llegó bien vestido y llevaba una bolsa (mochila), conversó con varios profesores muchos de ellos le impartieron clases a él", señalaron testigos.
En este día Wellington Menezes de Oliveira, a las 08:30 horas fue a un salón de octavo grado donde estaban impartiendo la primera hora de la clase de portugués, en el primer piso, y armado con revólveres de calibre .32 y otro de calibre .38 empezó a disparar.
Siguió su derrotero hasta el segundo nivel y cuando iba rumbo al tercero, fue interceptado por un sargento de la Policía, Márcio Alves, que lo acorraló, le disparó en una pierna y le pidió que se rindiese. Entonces, Menezes tomó unas de sus armas de fuego se disparó un tiro en la cabeza y murió.
La acción policial se produjo gracias a que algunos de los menores atacados lograron escapar aterrorizados y avisaron a gritos a dos policías que se encontraban patrullando a dos manzanas cerca del colegio y estos actuaron para evitar un desastre mayor.
Hallan carta del multihomicida
Los medios de comunicación electrónicos brasileños publicaron la carta hallada luego de la masacre en Realengo. Allí, el tirador se define como un "hombre puro" y admitía que no iba a salir con vida de la escuela.
El contenido de la nota no ha dejado evidencia de las razones del ataque, demuestra trastornos psicológicos y hace referencias al Islam, según los medios locales.
Menezes se refiere a que los "impuros" no podrán tocar su cuerpo "sin guantes". "Ningún fornicador o adúltero podrá tener contacto directo conmigo", señalaba.
Además, decía que después de su muerte quería ser desnudado, bañado y envuelto en una sábana blanca que él mismo había dejado en el edificio donde ocurrió la tragedia.
"Si es posible, quiero ser enterrado junto a la tumba donde está mi madre", indicaba en la misiva. La mujer, su madre adoptiva, murió hace un año y vivía a tres cuadras de la escuela donde ocurrió la masacre.
En la carta, el asesino también pedía que la casa donde vivía (en el barrio Sepetiba, al oeste de la ciudad) sea donada a instituciones que se dediquen al cuidado de los animales.
En otro tramo del escrito, Menezes escribió que pretende que, frente a su sepultura, "un fiel seguidor de Dios" rece "pidiendo perdón" por lo que ha hecho en su vida.
La carta lleva la firma del asesino y, según las autoridades de seguridad, fue hallada en el escritorio de un profesor.
Anticipa el crimen en una red social
La macabra promesa fue escrita por un bloguero que utilizó un perfil falso con el nombre de un diputado carioca del PP, Jair Bolsonaro en Orkut, una famosa y popular red social que utilizan las personas en Brasil.
Éste negó toda vinculación con la red social en la que quedó registrado el debate sobre bullying, el maltrato social entre alumnos escolares.
Ahora se cree que Wellington Menezes da Oliveira estaba exponiendo su terrible proyecto, haciendo referencia a la Masacre de la Escuela Secundaria de Columbine de 1999, Estados Unidos, uno de los episodios más tristemente famosos en cuanto a masacres estudiantiles de los últimos años.
Balance Sangriento
Aunque hubo muchos estudiantes peleando entre la vida y la muerte hasta el momento el balance oficial es de 11 niños muertos (en medios de comunicación se señala de 12 a 13 víctimas), de ellos diez eran preadolescentes y adolescentes de entre 12 y 14 años.
Otros 18 niños y adolescentes fueron atendidos en el hospital, la mayoría con heridas de bala en el tórax y la cabeza. También hay trabajadores heridos.
Wellington Menezes de Oliveira de 23 años, era un exalumno del colegio Tasso da Silveira, en Realengo, Ciudad de Río de Janeiro, Estado de Río de Janeiro.
Había visitado la institución educativa el año pasado. Antes de realizar la cruel matanza del 7 de abril de 2011.
Wellington Menezes de Oliveira era hijo adoptivo de una familia de cinco hermanos. Hasta hace poco más de un año vivía en la calle Jetiquinhonha, en Realengo, aproximadamente a un kilómetro de distancia del colegio.
Después se mudó al barrio de Sepetiba. Los vecinos que conocen a la familia expresaron que era de carácter retraído y acostumbraba a estar solo.
Se había deprimido mucho cuando su madre sustituta, Dicéa Menezes de Oliveira, murió de un infarto. Roselaine, hermana de adopción del autor de la masacre, explicó a la radio BandNews que llevaba siete meses sin verlo.
"En la época de las elecciones [presidenciales del pasado octubre] vino aquí. Nos pareció extraño que estuviera con una barba muy grande", dijo. "Decía muchas tonterías. Sólo estaba en Internet, no tenía amigos. Era muy extraño y reservado", agregó la mujer, de 49 años. Se menciona que visitaba páginas de contenido fundamentalista religioso.
Motivaciones del crimen
Su justificación fue el hecho de haber sufrido maltrato psicológico por sus ex compañeros del Tasso da Silveira, donde pasó sus años escolares.
Lo recuerdan por su renguera, por su escaso trato social y porque era objeto de las burlas del resto. El testimonio de uno de ellos, Bruno Linhares -hoy de 23 años-, confirma ese perfil:
"Wellington era completamente tonto. Se notaba que tenía algún problema. Era muy callado, muy cerrado. Y la pandilla se reía de él a causa de su pie, pero no al punto de justificar que hiciera esto [por la masacre]".
Linhares recordó que "una vez, un compañero lo palmeó en la espalda y le dijo, bromeando: «Cara, la gente te tiene miedo porque un día vas a matar a mucha gente». Fue un chiste, pero ahora parece una profecía. Sinceramente no sé por qué pudo hacer algo así".
Las madres y padres de los alumnos corrieron desesperados a la escuela para saber noticias de sus hijos. La alcaldía puso a disposición de la familia equipos de psicólogos y asistentes sociales para ayudarles, ya que muchos se desmayaron y estaban en estado de shock.
Funerales
Una multitud se agolpó muy conmovida en el cementerio Murundu, aledaño a la zona de Realengo, en el oeste de la ciudad para participar en la ceremonia de funerales.
Un helicóptero de la policía militar arrojó pétalos de rosa desde el cielo en el momento que se realizó el primer entierro, gesto que produjo una gran emoción en la gente.
