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Nader Shah tiene 24 años y es propietario de una barbería en Herat, en Afganistán, donde hasta antes de la llegada de los talibanes solía recibir a numerosos jóvenes a quienes realizaba cortes de cabello modernos.
Sin embargo, tras el regreso al poder del Talibán, la economía local se ha visto afectada, lo cual, sumado a que las personas tienen miedo de ser castigadas por lucir cortes de cabello modernos, ha hecho mella en su negocio.
"Antes la gente venía y preguntaba por los diferentes estilos, pero ya no es así"
Durante el primer gobierno talibán, de 1996 a 2001, los radicales islámicos prohibieron las cabelleras vistosas e insistieron en que los hombres usaran barba.
Después de su caída, andar afeitado pasó a ser considerado como una señal de modernidad en Herat, una ciudad relativamente cosmopolita en el oeste de Afganistán.
"Ahora la gente viene y solo pregunta por cortes sencillos. Tampoco se afeitan, entonces eso es un problema", según Shah.
El barbero, quien comenzó en el oficio como un joven aprendiz hace 15 años, dijo que la nueva situación hizo que sus ingresos cayeran de 15 dólares a entre cinco y siete dólares diarios.
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En un barrio contiguo, Mohammad Yousefi, de 32 años, dijo que debió reducir drásticamente sus precios, de seis a un dólar el corte, para mantener abierto su negocio.
"Con la situación de los talibanes, los clientes tienen menos ingresos y nos pagan menos", señaló.
Yousefi dijo que después de que los islamistas tomaron control del país, "de repente la gente quiere parecerse a los talibanes".
"No es que los talibanes estén de moda, sino que la gente no se afeita porque los talibanes los van a detener y preguntarles al respecto", indicó. "Dicen que no está en la ley sharia (pero) que los hombres deben llevar barba y cabello largo".
Clientela en desbandada
En la barbería de Ali Reza, de 36 años, había luces de color rosa alumbrando a los clientes y los estantes estaban llenos de latas de laca, geles, espumas, fragancias y máscaras faciales.
El barbero cortó con destreza la barba de un cliente en cuanto otros discutían sobre la política afgana mientras esperaban ser atendidos.
Sus dos aprendices, Sobhan de 11 años y Mohsan de 14, observaban cada movimiento al tiempo que limpiaban los cepillos, peines y cortadores eléctricos.
Reza completó el servicio con una floritura, tamborileando los dedos sobre la cabeza del cliente y masajeando sus sienes y cejas, antes de apretujar las orejas del cliente por varios segundos.
"En el pasado, los jóvenes venían cada una o dos semanas para cortarse el cabello o la barba, y estaban felices", dijo Reza a la AFP, aunque admitió muchos de sus clientes se han ido.
"Esos jóvenes que siguen aquí ya no están interesados en cortarse el cabello o la barba porque la economía está realmente mal", comentó.
Con el ascenso de los talibanes, los afganos dicen que ya no hay empleos.
"Mi ingreso antes era excelente, pero ahora no lo es", reconoció.
