Nadia Altamirano
A puerta cerrada, sin autorización para que su mamá o papá pudiera tomar fotografías o videos, ayer 18 adolescentes recibieron en la Facultad de Medicina de la UABJO su primera de dos dosis contra la COVID-19 de la farmacéutica Pfizer, incluyendo a Azul que tiene diabetes tipo uno y a María José con Síndrome de Down e hipertiroidismo que elevan el riesgo de complicaciones si se contagian de SARS-CoV-2.
Este fue un logro que se consiguió después de uno o casi dos meses de que a través de la abogada Alma Franco Vargas se tramitaron amparos ante los Juzgados de Distrito, porque la Jornada Nacional de Vacunación Anti COVID-19 no contempla aún a menores de 18 años, como ya ocurre en Coahuila y Nuevo León.
Más que dolor, Azul sintió nervios porque en el centro de vacunación que habilitó la Brigada Correcaminos y que fue custodiado por el Ejército Mexicano "habían varias personas" y todo "empezó a ser un desastre" y saltaba a la vista la falta de organización.
"Estaban con que ahorita que somos 18 no pueden organizarse, cómo van a estar cuando ya sean todos", narró Azul, quien a sus 15 años vive con diabetes tipo uno por los antecedentes familiares y sólo planea volver a la escuela cuando ya tenga la segunda dosis que su padre, Esteban Chapital, espera pueda recibir en 21 días.
"Amanecí tranquilo"
Saber que el primer fallecimiento por COVID entre la población infantil ocurrió en un menor con Síndrome de Down llevó a Claudia López Escamilla a buscar un amparo para que su hija María José, de 13 años, fuera vacunada, pues además de esa enfermedad también tiene hipertiroidismo.
Sabe además que por trabajar en un área hospitalaria, el riesgo de regresar a casa portando el virus SARS-CoV-2 es mayor, ya que a pesar de las medidas de prevención que pueda implementar, un paciente puede portarlo.
El proceso de ambas lo tramitó la abogada Alma Franco, cuyo hijo Maximiliano, de 12 años, se convirtió en el primer menor de edad en Oaxaca en recibir la vacuna, lo que le obligó a vencer el miedo a todo tipo de vacunas, pues sabe que está le permitirá regresar pronto de manera presencial a la escuela.
"Amanecí tranquilo, tuve clases, me emocione cuando veníamos aquí, porque ya me iba a vacunar y me iba a sentir más seguro e iba a poder asistir a clases presencialmente", compartió con los medios de comunicación al salir de la Facultad de Medicina.
Tanto su padre Ricardo Ruiz Zaragoza, como su madre Alma Franco, calificaron de un logro esta vacunación que no debería requerir de un amparo, pero a falta de incluir a este grupo de edad en la Jornada Nacional anti COVID-19 todavía faltan más de una docena de adolescentes por inmunizar.
