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Aumentan muertes violentas de niños en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

El reciente homicidio de un menor de edad en Agua de Cerro, Mazatlán Villa de Flores, región de la Cañada, evidencia el crecimiento de muertes violentas en población de 17 años o menos, pero también del deterioro social en comunidades indígenas, a causa del alcoholismo y la drogadicción.


“No podemos negar la realidad”, afirmó el síndico de esa municipalidad, Rubén Carrera.



 


La víctima, Ever Uriel Estrada Casimiro, de 14 años de edad, murió a puñaladas el martes pasado en esa comunidad mazateca, durante un baile popular por la fiesta patronal.


El síndico, dijo que el menor de edad era de familia humilde e hijo de una madre soltera, quien vivía en la comunidad cercana La Juquilita, perteneciente también a ese municipio.


Detalló que la mamá del menor de edad no se encontraba en su localidad cuando sucedió el homicidio porque ella había viajado a la Ciudad de México a comprar ropa, para después venderla en su lugar de origen.


Consideró que el homicidio pudo ser resultado del excesivo consumo de alcohol y drogas entre los habitantes de Agua de Cerro y de otras comunidades de Mazatlán Villa de Flores, porque las adicciones ya empiezan a hacer estragos entre la población infantil y juvenil.


“El alcohol y las drogas están destruyendo las familias indígenas mazatecas. Desde hace años, las madres de familia han buscado ayuda para atender el problema de adicciones, sobre todo, entre la población joven”, señaló.



La autoridad municipal, dijo que las adicciones han ocasionado un gran deterioro social en las comunidades indígenas mazatecos porque hasta hace unos años no existía la violencia intrafamiliar, alcoholismo infantil o uso de armas.


Según la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en Oaxaca se registraron mil 420 defunciones en población de 17 años o menos durante el 2015.


De este total, 803 fueron homicidios, de los cuales 3.9 por ciento corresponde a población de 17 años o menos y de estos, 71.9 por ciento, la víctima fue un varón y 28.1 por ciento, una mujer.


La tasa de mortalidad por esta causa en este mismo año, es de 2.2 homicidios por cada 100 mil niñas, niños y adolescentes.


Por sexo, la tasa de homicidios en hombres fue de 3.1 por cada 100 mil y 1.3 en mujeres, y representa una sobremortalidad masculina de 238.5 homicidios de hombres por cada 100 de mujeres.


Según la edad de las víctimas, el 43.8 por ciento tenían entre 15 y 17 años; el 31.2 por ciento tenía de 10 a 14 años; el 12.5 por ciento era población de 5 a 9 años; el 6.3 por ciento entre uno y 4 años, y el 6.2 por ciento menores de un año.


De esta manera, el mayor porcentaje de homicidios sucede en la población de 15 a 17 años, de los cuales 64.3 por ciento son hombres y 35.7 por ciento, mujeres.

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