CIUDAD DE MÉXICO.- El aislamiento en que han vivido desde marzo de 2020 por la pandemia de COVID-19 ha dejado secuelas en niños y adolescentes: depresión, ansiedad, irritabilidad, desgano, pesadillas y problemas alimenticios, entre otros trastornos emocionales.
Hay que validar, reconocer, expresar...
Si el confinamiento ha sido tremendo para los adultos, para los niños y adolescentes fue aún peor, advierte la psicoterapeuta Mónica Esquinca.
"Si yo me pongo en sus zapatos digo: es un año y medio de vida perdido, así te lo pongo. Es perder año y medio a sus amigos. No es lo mismo verlos a través de un dispositivo que tener el contacto físico, poderlos mirar, la diversión, el juego, todo lo que implica la socialización, la hermandad, en niños y chavos por igual", señala la autora del libro SOS ¡Mi hijo está en apuros!
La psicóloga, quien trabaja en terapia individual con niños, adolescentes y adultos, destaca las pérdidas que se han registrado en el aspecto educativo y, como capacitadora de maestros, reconoce los grandes esfuerzos de la mayoría de los profesores para manejar los dispositivos, las plataformas, "parándose de cabeza" inclusive para captar la atención de los alumnos, con la creatividad y capacidad que cada uno tiene.
-En tu experiencia como terapeuta, ¿cuáles son las principales afectaciones que has observado en niños y adolescentes?
Yo, antes de la pandemia, el principal tema de trabajo terapéutico era la autoestima, tengo más de 30 años trabajando con chavos, pero paulatinamente cambió a ansiedad, cuadros de ansiedad severa, niños con pesadillas, terrores nocturnos, problemas de enuresis (incontinencia urinaria) que antes no se presentaban, niños que eran más seguros ahora con cierta inseguridad para hacer las cosas, más calladitos si antes eran más sociables, desgano incluso en niños de 9 años en adelante, apatía por hacer las cosas, sí podría decir que hay un profunda tristeza en muchos, depresión, irritabilidad, están mucho más con las emociones a flor de piel.
Si antes eran más tolerantes al regaño o a la consecuencia de algo que hicieron, al hermanito, ahora se ha ido exacerbando la intolerancia.
Es como una bola de nieve que afecta sistémicamente a niños, papás, maestros, la sociedad. Los sociólogos tendrán que hacer estudios pospandemia para medir todos estos efectos.
-¿Qué recomendaciones darías de cómo tratar a los hijos?
Lo más importante par mí es validar: tomar por bueno o real la situación que los niños dicen estar viviendo. Si un niño está diciendo: veo monstruos en los clósets o tengo pesadillas, (decirles) 'sí claro, entiendo que puede estar pasando, ¿cómo te ayudo?, vamos a resolverlo juntos'. Primero, validar.
Por otro lado dar reconocimiento a las cosas que ellos hagan bien. Que los niños estén más conscientes de sus cualidades, de su potencialidad, de las cosas buenas que ya son capaces de hacer, y eso equilibra más las cosas que ellos son capaces de hacer, sube su autoestima.
Por otro lado, yo he recomendado durante este año y medio espacios de contención, es decir espacios de expresión con papás e hijos -incluso si hay papás separados y hay una buena relación con el ex, hacerlo a través de Zoom-, hablar de cómo estamos con todo esto, a lo mejor pueden empezar los papás, decir: 'yo también tengo estrés, tengo esta preocupación', y entonces los niños y los adolescentes pueden decir: 'no sólo somos nosotros, a mi papá y mamá que yo veía como superhéroes también les pasa'.
Humaniza más a mamá y papá, porque luego los niños ven a sus papás más como un rol, y no como seres humanos con corazón.
Claro, tampoco transmitirles todo tu estrés, todo debe ser medido, si debe haber esta empatía: 'a mí también me pasa y lo estoy resolviendo, me estoy haciendo cargo'.
Esquinca comenta que se ha topado con niños que han perdido a alguno de sus papás y han querido tomar el rol de papá o mamá, de querer resolver cosas que no les corresponden.
"Hay casos así, como el de un niño que murió su papá por COVID, de 9 años. Entonces, es trabajar mucho con la mamá de que se dé cuenta, de cómo ella, entre el duelo que está viviendo, que pueda mostrarse fuerte, que sus hijos puedan ver que ella puede".
Para abordar en familia las emociones difíciles que están experimentando -porque hay niños o jóvenes que no saber qué decir-, la psicóloga propone técnicas como hacer una historia o un cuento en conjunto, por ejemplo, de una familia que se va a un viaje y les pasan cosas y cómo entre todos generan soluciones.
-¿Cuáles serán los efectos a mediano y largo plazo para esta generación de niños y adolescentes?
Uno es el famoso síndrome de la cabaña, que, después de haber estado encerrado tanto tiempo: '¿qué está pasando?, tengo paranoia a que me vaya a contagiar, a tocar algunas cosas o ¿será suficiente mi mascarilla', en fin, yo creo que eso va a durar un buen tiempo, sobre todo en niños.
En adolescentes, también, pero a esas edades comienzan a tener un poco más de recursos emocionales, desde la lógica. Y al interior yo diría el proceso de reconstrucción, a lo mejor van a estar inseguros un tiempo, pensando que no tienen la misma capacidad.
Pienso en un niño que es muy tímido y que no le gusta tener los reflectores, a lo mejor la plataforma que usaba lo ponía en el anonimato, pero ahora que regresa, y vuelve a hacer presencia física, ahora es la readaptación. La seguridad y confianza ante la vulnerabilidad.
-¿Algún mensaje para papá y mamá?
Yo sé que ellos también están pasando por su proceso de estrés, porque también está lo laboral: en organizaciones a las que también asesoro, los jefes están siendo más exigidos, entonces el jefe le exige más al colaborador, y el colaborador es el papá o mamá que está a punto de explotar; entonces, dentro de sus posibilidades, que estén con más paciencia, que se pongan en los zapatos de sus hijos, pensando que, si estuvieran en la edad que ellos tienen, cómo lo estaría viviendo, para desde allí, volviéndose niños o adolescentes, puedan tener un contacto diferente.
"Si un niño está diciendo: veo monstruos en los clósets o tengo pesadillas, (decirles) 'sí claro, entiendo que puede estar pasando, ¿cómo te ayudo?, vamos a resolverlo juntos'".
Mónica Esquinca, psicoterapeuta
"Si yo me pongo en sus zapatos digo: es un año y medio de vida perdido, así te lo pongo. Es perder año y medio a sus amigos. No es lo mismo verlos a través de un dispositivo que tener el contacto físico".
Mónica Esquinca, psicoterapeuta.
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