Otras frases que a muchos padres les tocó escuchar cuando fueron hijos son: “lo hago por tu bien”, “soy tu padre y me tienes que obedecer”, “esta es mi casa y se hace lo que yo digo”, y así podría seguir la lista.
Mírame a mí
Seguramente el lector ha de conocer otros enunciados más en el mismo tenor, o en una de esas, las ha repetido con su hijo o hija, a pesar de que usted experimentó en cuerpo propio los afectos que de ello se despiertan; para buena fortuna del Yo, su función psíquica la denegación encontrará buena justificación para su actuar; una común es: “mírame a mí, no me pasó nada…”
¿Dónde tiene su origen la manera que actuamos con nuestros hijos? Hasta este punto hemos bordeado tres momentos de la vida de los individuos donde podemos hallar una respuesta.
El primero, que está marcado desde el encuentro amoroso hasta el momento de convertirse en padres, el cual es muy rico en contenido. ¿Recuerda los pensamientos que surgieron en usted cuando se enteró de que sería madre o padre? Responder dicha pregunta de manera sincera no es sencillo para el Yo, pero es en la respuesta donde se pueden comprender muchas de las actitudes que adoptan los padres y madres con el hijo en cuestión. Esto que les escribo es bien sabido de antaño.
Las cosas no son como las contamos
De esta manera regresamos a la historia ficticia, la cual quedó pendiente por contar en la parte tres de esta serie de notas. Me refiero a nuestra pareja de enamorados de inicio de siglo, quienes gritaban a los cuatro vientos: “nos amamos”; pero como lo dije, el afecto del amor es uno de tantos con los que crea espejismos el Yo. Lo anterior lo deducimos porque ha pasado el tiempo; si hiciéramos narrar lo vivido en aquellos momentos a los enamorados, cada quien por su lado y con una técnica específica (la psicoanalítica), aparecerían los segundos pensamientos que fueron necesarios para que el Yo mantuviera las expectativas depositadas en el objeto de amor o las ganancias secundarias que la relación les deparaba, los cuales ocultó o negó a él mismo en el mejor de los casos, pero muchas otras veces los tuvo de manera consciente.
Considero que no se requieren ejemplos desarrollados, bastará con mencionarlos de manera general. En el caso del hombre, como he dicho, las cosas son sencillas, su elección de objeto de amor por regla general pasará por el tamiz del fetiche y si le agregamos que su vida anímica está ordenada por el placer de órgano, podemos deducir que sus cálculos y decisiones al respecto de la pareja y los hijos, están determinados por lo que se decante psíquicamente de tales condiciones. Por el lado de la mujer, las cosas se encuentran en otra dimensión más evolucionada; para que se den una idea de esto, solo escuchen el tipo y las respuestas que ellas dan si se les pregunta cómo fue que eligieron a su pareja, hoy padre de sus hijos.
Continuará en la siguiente serie…
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!
