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La crisis del futuro, el hoy de nuestros hijos

Foto(s): Cortesía
Redacción

Última parte de cinco


Al iniciar esta serie de notas consideré erróneamente que cinco serían suficientes para poner sobre la mesa la situación que nuestros hijos viven el día de hoy, pero me han quedado cortas, por lo que será necesaria una serie más. Hasta aquí solo hemos hecho un muy breve recorrido de lo que le antecedió a la generación Z, y que espero sirva para recordar nuestra historia como padres de dicha generación.


Otra perspectiva de nuestra generación


Educamos desde lo que resume el último párrafo de la nota anterior. Pero antes de continuar es importante remarcar que en la vida cotidiana el padre o la madre no tiene de manera presente (consciente) la idea “que mi hijo no viva lo que yo”. Esto aparece en dichos como “déjalo dormir, esta semana tuvo mucha tarea, se desveló”, “tú solo dedícate a estudiar” este último en alusión a que el o la hija no apoye con actividades de la casa.


Seguramente usted lector ha de conocer algunos otros más. Donde al parecer el cometido es mantener al hijo fuera de toda perturbación. ¿De dónde procede tal ideología? En gran medida se le debe a… Este paso espero hacerlo con el debido cuidado, pues estuve a punto de mencionar que es la psicología la responsable, pero sería injusto, ya que esta no es un ente. En este sentido son algunos o muchos practicantes de la psicología que, al no resolver sus conflictos internos terminan por verterlos en ella, y de la igual manera refuerzan ideas populares que nacen del mismo lugar, desde la frustración y del resentimiento.


Una idea que se esparció de ello fue lo que se convirtió en un mito, el trauma. Dicho juicio se reforzó con la teorización y el lugar que Sigmund Freud le dio al trauma en la estructura psíquica de los seres humanos. Sin embargo, dicha teoría psicoanalítica no quedó exenta de interpretaciones a modo, es decir de aquello que el lector desea que sea y no lo que la ciencia devela.


No me extenderé en esto, solo me limitaré a mencionar como ha circulado y ha tomado fuerza popularmente dicho mito. Lo encontramos en expresiones y en mandatos, “no hagas esto u esto otro porque traumarás a tus hijos” o en “ya lo traumaste”, al paso del tiempo esto se convirtió en una cultura moralizante, pues, aunque señalaba algo que de fondo era verdad terminó por atar de manos a los padres cuando de poner orden en la formación de los hijos se trata. Pero hasta acá solo les estoy mencionando algo que de una u otra manera ya saben, luego entonces pasemos a abrir una interrogante que posiblemente nos dé luz sobre el problema. ¿Qué hace a un padre o madre se atrape en una cultura moralizante de su actuar?


Cabe mencionar que no todos los padres y madres se quedan en ello atrapados, pues a su vez siguen siendo muchos quienes al parecer conviven con el ideal que con gritos, amenazas y castigo reformaran a sus hijos, llama la atención que eventualmente estos padres en otro momento fueron de los aludidos en la primera parte de esta nota.  Continuará en la siguiente serie…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


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