Pasar al contenido principal

Con limitaciones tecnológicas y pedagógicas, en comunidades de Oaxaca se niegan al regreso a aulas

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

SANTA MARÍA SUCHIXTLÁN, San Andrés Sinaxtla, Oaxaca.- ¿Cuándo volver a la escuela? Es una pregunta para la que Blanca, ni su esposo Bernardino, tienen respuesta. Las carencias para adquirir insumos que prevengan contagios en la Escuela Primaria Ignacio Zaragoza de esta pequeña comunidad rural,  junto con el repunte de nuevos casos de COVID-19 en todo el país, hace que la fecha sea incierta.


No importa que en la pequeña escuela sólo estén inscritos ocho niños y niñas, o que las mamás y papás deban iniciar un nuevo ciclo escolar improvisando la tarea como docentes.


Blanca prefiere llevar en su espalda la responsabilidad de despejar dudas didácticas en su hija Concepción, quien cursará el sexto grado, a impulsar que la escuela retorne a las clases presenciales.


Concluir un grado sin aprender


Más allá de los discursos oficiales o las determinaciones gremiales, Blanca mira el panorama escolar desde su realidad, una donde la educación a distancia obligó a su familia a comenzar a pagar el servicio de internet por una renta mensual de 250 pesos, aunque las condiciones climáticas hacen que en algunas ocasiones la señal se pierda.


“Mi esposo es campesino, yo soy ama de casa y económicamente la situación está muy mal. Nuestra hija pasó a sexto, pero el conocimiento es muy pobre”, reflexiona.


Haber “terminado” los contenidos de los libros no es garantía de que en lo que va de la pandemia se haya adquirido conocimiento.


“Uno como madre o padre de familia, tanto en lo económico, como en el aprendizaje nos vimos muy mal”, analiza Blanca, quien es la presidenta del Comité de Madres y Padres de Familia de la escuela donde está inscrita su hija.



 


Inequidades 


Esta agencia municipal es parte del municipio mixteco de San Andrés Sinaxtla y se localiza a un kilómetro de la carretera federal que conduce a Huajupan de León, a 74 kilómetros de la ciudad de Oaxaca.


La aparente cercanía con la zona urbana, es una utopía que ha empequeñecido a la población. La señal de telefonía celular no existe. En el letrero de su acceso se asienta que son 150 habitantes, pero Blanca tiene la seguridad que son 60, principalmente personas adultas.


La escuela primaria con la que cuentan se inauguró en 1960, casi a la par de otras en esta zona y así se han quedado, en las limitaciones que aseguran el olvido institucional.


El templo católico permanece cerrado, al igual que la agencia. En la pequeña área de juegos infantiles que conforman un par de resbaladillas, sube y baja, así como columpios, no hay niñas o niños interesados en usarlos.


La puerta de acceso al jardín de niños que cuenta con un solo salón, está abierta. No hay quién se haya interesado en darle mantenimiento. 


En todo el municipio sólo se han reportado seis contagios de COVID-19, apenas uno por cada cien habitantes. Aquí, no hay necesidad de que su acceso tenga filtro o sea cerrado, pues no hay algún atractivo o razón que haga que personas visiten la comunidad.


Las personas que se aventuran a caminar por la calle pueden hacerlo sin cubreboca, no hay un solo policía que vigile que se cumpla con la medida de prevención porque el distanciamiento físico está garantizado y aquí no se han presentado contagios.



 


Son pocos sus habitantes y la mayoría se mantiene dentro de su casa. Si no estuviéramos en medio de una pandemia, se podría pensar que este es un pueblo fantasma.


Salvo algunas misceláneas, la actividad comercial es casi nula. El trabajo se concentra en el campo que cada vez produce con más dificultad maíz y otros productos para autoconsumo.


Sólo quien ha sobrevivido sin un ingreso fijo, sabe la magnitud que para unas finanzas aniquiladas representa pagar 250 pesos mensuales en servicio de internet.


Priorizar la salud


Con una limitada casa de salud y el Hospital Básico Comunitario de Nochixtlán con dos camas para pacientes COVID a 13 kilómetros de distancia, Bernardino Gregorio Cruz Montesinos, padre de Concepción, sabe que la salud de su hija es la prioridad en esta pandemia.


“El gobierno ya está anunciando regresar a clases, pero para nosotros es imposible”, dice sin tener que pensarlo mucho tiempo.


Su esposa sabe que el retorno a la escuela significará gastos y duda que las familias de los alumnos inscritos acepten o tengan para pagar cien o 150 pesos mensuales para comprar gel, desinfectante o todo lo que se requiera para reducir el riesgo de contagio del virus SARS-CoV-2.



 


A pesar de que contrapone esas limitantes a las complicaciones que representan que su hija no vuelva a la escuela y trate de enseñarle en casa, Blanca no se arrepiente de que un ciclo más vaya a mantener a Concepción en resguardo.


Pero entre su decisión, la crítica al sistema que se moldeó a una educación a distancia está presente: “No es lo mismo que estén en la escuela, a aquí en la casa. A lo mejor es el mismo conocimiento, pero nosotros lo vemos diferente. En este ciclo escolar no aprendieron nada, es una verdadera tristeza ver a nuestros hijos en esta situación.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.