Pasar al contenido principal

El regreso

Foto(s): Cortesía
Redacción

Mónica Ortiz Sampablo


En casa de mis abuelos Porfirio y Emiliana, había quedado impregnado el olor de Tonatiuh; cada vez que el viento soplaba, lo hacía volar. La mujer Cihuapipiltín no regresó a las calles del pueblo; las ventanas de las casas donde había niños, dejaron de empañarse con su vaho macabro.


Nuevamente podíamos salir a jugar sin el miedo que aquella mujer había traído a nuestras vidas. Una tarde, la abuela de Azucena nos invitó a comer dulce de tejocote a su patio; aprovechó para contarnos el por qué habíamos vivido días tan pesados; dijo que la mujer que vagaba en el pueblo era como La Llorona. La señora hizo una mezcla de relatos en los que insistía en poner como un personaje al pequeño Tonatiuh; me di cuenta que pretendía asustarnos, pues mis abuelos ya me habían contado varias versiones de la leyenda de La Llorona, así que solo me limité a escuchar atenta; después de un rato me fui a mi casa.


La vida siguió normal, las mañanas escolares con sus tardes divertidas, los viejos juegos y los inventados; los niños del pueblo estábamos creciendo. Luego de un año más o menos de haber conocido a quien me acercó a la experiencia de tener un hermanito, mi abuela decidió regalar sus cosas a la hija de don Felipe que pronto tendría una criatura; yo lo seguía extrañando.


Una noche comencé a sentir un dolor muy fuerte en el estómago, sudaba frío, ni bien iba al baño, regresaba con urgencia; mis abuelos estaban asustados, me daban té, pero el estómago no me consentía nada, fue una noche terrible. Al amanecer me llevaron con el médico. No recuerdo el trayecto, tampoco el tiempo que pasé en el consultorio acostada en una cama angosta. Desperté con un aroma dulce que me hizo sentir en otro plano de la vida; a esta sensación se unió una risa infantil, me llevé las manos a los ojos para aclarar la vista, los froté con el dorso de mi mano; era Tonatiuh, a quien mi abuela cargaba.


“Te estuvimos cuidando”, dijo mi abuelita; la gran noticia era que el nuevo médico del pueblo, junto con su esposa, había adoptado a Tonatiuh. De un brinco me levanté de la cama y él me extendió sus brazos.


[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.