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EL LECTOR FURTIVO: Apuntes para mis hijos

Foto(s): Cortesía
Redacción

Benito Juárez es un personaje de aura casi mítica debido a su probidad y por llevar hasta las últimas consecuencias las ideas republicanas, además de ser por décadas un claro ejemplo de superación personal. Mucho de esta percepción se debe a lo que el mismo Juárez consigna en "Apuntes para mis hijos", el breve relato autobiográfico de quien fuera uno de los presidentes mexicanos con mayor ascendente sobre nuestro país.


A pesar de haber perdido a sus padres sin apenas conocerlos, Benito Juárez llevaba una vida buena, feliz y tranquila en la sierra zapoteca. Tenía amigos y una familia amorosa que le brindaba cuidados, incluyendo al tío Bernardino, a quien le profesa un especial cariño por haberse encargado de su primera instrucción. Aunque este personaje ha pasado al imaginario popular como un hombre duro que castigaba al pequeño Benito si faltaba a sus deberes, en el texto advertimos que estos “deberes” a los que se hace alusión no son las faenas del campo, sino la instrucción de las primeras letras en la lengua castellana que tío y sobrino habían acordado comenzar. Un detalle que ilustra el carácter del niño es que “la disciplina”, es decir, la vara con la que recibía el correctivo cuando la lección no era bien aprendida, la entregaba el mismo Benito a su tío venido a educador; de ese tamaño era el deseo del niño por instruirse.


En estas memorias, Juárez manifiesta que sentía “repugnancia” de separarse de su tío y de sus amigos, pero la curiosidad y el deseo por aprender fueron más fuertes y en una larga jornada que duró del amanecer a la caída del sol, cubrió a pie el trayecto de Guelatao a la ciudad de Oaxaca.


Una vez en la ciudad, encuentra cobijo al lado de su hermana que pronto lo coloca de mozo en una casa. Benito trabaja con ahínco procurando obtener de los distintos patrones a quienes sirvió, la promesa de inscribirlo en la escuela. Bastante talento debía tener el joven Juárez, ya que lo vemos constantemente matriculado en una institución, en una época en que el costo de estar en la escuela era bastante alto.


Acorde a los tiempos y bajo la influencia de su protector Antonio Salanueva, religioso e impresor, Juárez inicia estudios en el Colegio Seminario Conciliar; sin embargo, la convulsa situación política provocan el cierre del seminario al tiempo que se abre el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. El futuro presidente, poco inclinado a la vida religiosa, encuentra un mejor lugar en la escuela dirigida por un puñado de notables liberales oaxaqueños, aunque esta fue desde un inicio denostada como “guarida de herejes” y otras lindezas. Ahí, gracias a su talento y dedicación, no tarda en auxiliar a sus maestros como asistente, graduándose en jurisprudencia e iniciando una carrera meteórica.


Juárez se convirtió rápidamente en una celebridad, despachó asuntos relevantes como aquella demanda del pueblo de Loxicha contra el párroco, por diversos abusos. Al igual que sus representados, el joven abogado vivió su primer e injusto encarcelamiento, por petición de las autoridades eclesiásticas. Estas y otras experiencias le dejaron ver que la colusión del clero y la autoridad civil hacían inaccesible la justicia para grandes capas de la población.


“Benito trabaja con ahínco procurando obtener de los distintos patrones a quienes sirvió, la promesa de inscribirlo en la escuela”.


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