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Al amparo de los libros

Foto(s): Cortesía
Redacción

La retrospección es un acto que nos permite evocar aquello que entre prisas y trajines cotidianos se ha ido desdibujando, procesos, tareas, eventos, aprendizajes mil que al paso de los años hemos dejado en los cajones más viejos de nuestra memoria.


Una de las preguntas que me gusta plantear a propósito de mi labor como mediadora de lectura es ¿quién te acercó a los libros? ¿quién te leía en la infancia? ¿recuerdas tus primeras lecturas? ¿quién te contaba historias? Es aquí donde se comienza a echar marcha atrás para atrapar recuerdos en torno a las historias personales vinculadas a los libros. En más de una ocasión esos recuerdos son inexactos, pero en muchos casos aparece la figura del hermano mayor que armaba todo un escenario entre sábanas y linternas para darle más dramatismo al relato; o bien la de la abuela o el abuelo que, a pesar de tener un variado catálogo de leyendas e historias terminaban siempre contando la misma, también en este cuerpo de narradores se cuentan las madres, incluso uno que otro padre, digamos que ellos son los menos mencionados en esta actividad.


Hay niños a los que nadie les leía, podría parecer un acto cruel: los grandes abandonados del relato, sin embargo, algunos llegaron a los libros por cuenta propia y de muy variadas formas. Los testimonios son abundantes: los ojos del infante posados ante el vetusto librero en casa de los abuelos, un libro que alguien más dejó olvidado en la habitación, el haber caminado frente a una librería y la curiosidad de ingresar en ese mundo. Lo cierto es que el arribo de los libros a la vida humana no tiene edad, no tiene que ser a la fuerza en la infancia, existen grandes lectores que se formaron por voluntad propia en la juventud o que decidieron poner su vida al amparo de los libros en la etapa adulta.


Por otro lado, están los que desarrollaron aversión a los libros porque en la primera infancia, su encuentro con ellos fue desventurado. De regreso al planteamiento inicial resulta interesante emprender el viaje a nuestra historia como lectores, atrevernos a releer ese pasado, rescatar viejas lecturas por sencillas que nos parezcan, incluso cobijarnos en las que nos brindaron seguridad o nos inspiraron a ser quienes somos.


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