El ciclo escolar 2020-2021 concluye con una certeza: la mayoría del profesorado de educación básica se preocupó más por las evidencias de los trabajos que por el aprendizaje que alcanzó el alumnado.
“Con la pandemia pasamos de un proceso de enseñanza-aprendizaje a uno de enseñanza-evidencias. Como profesor ya no me importa que aprendas, si no que se cubran los contenidos”, afirmó el doctor en Ciencias de la Educación, Flavio de Jesús Castillo Silva.
De lo que no se habla ni se mide es esa violencia o maltrato en el interior de los hogares, porque así como hay madres y padres amorosos hay quienes se olvidan de sus hijos e hijas, los reprimen y golpean porque no saben manejar sus miedos, sus problemas y sus frustraciones.
“Son niñas y niños olvidados que están creciendo entre la represión y los golpes que van a implicar una sociedad con una salud mental dañada o deficiente, no sé cuántas generaciones serán suficiente para resarcir estos daños”, advirtió.
En su opinión, el ciclo escolar que se desarrolló a distancia porque la pandemia impedía clases presenciales se cumplió “de manera tropezada”, sobre todo por la brecha al alumnado que tiene dispositivos y conectividad, con lo que en ese aspecto enfrentan carencias.
Aprender en casa no sirvió
El especialista, quien en este 2021 recibió el doctorado honoris causa por la Asociación de Educadores de Latinoamérica y el Caribe (AELAC) y otro por el Reino de Marruecos junto con la Asociación Mil Mentes por México, consideró que los contenidos del programa televisivo Aprendiendo en casa, desarrollado por la SEP, “no ayudó mucho”.
Sus contenidos, detalló, no estaban bien diseñados en cuanto a lo didáctico porque en 40 minutos un alumno o alumna no podía entender un tema, pero se sostuvo porque en las zonas rurales no hay conectividad.
“Hemos aprendido y avanzado. Como profesor perdí al menos el 50 por ciento de estudiantes porque no tenían dinero para la conectividad o comprar tiempo aire”, lo que se combina con la desorganización en los horarios de descanso, un tema que les compete a cada familia.
“Quienes tienen conectividad la están desperdiciando, se están quemando las pestañas en vano sin dormir al menos seis horas de corrido para estar descansado, alegre y no sean despertados violentamente, son mil cosas que hacen que el estudiante afronte las clases de mal humor y sin cariño al aprendizaje, también es un poco de injusticia porque quienes no tienen clases a distancia, las ansían”.
Transición
El especialista en educación aplaudió los casos en donde las escuelas generan sus propias estrategias ante la falta de conectividad en un momento donde la mayoría de estudiantes anhela la educación presencial, un deseo que comparte el profesorado “porque es lo que conocen y la tecnología que de alguna manera pesa”.
Afirmó que mientras el alumnado no esté vacunado el regreso a las aulas “va a tardar” y ahora se debe preparar la transición de lo virtual a lo hibrido, “es un poco lo que ya empieza a suceder pero no está sistematizado y hay mucha improvisación”.
Un gran pendiente en esta pandemia son talleres para madres y padres porque se convirtieron en el medio para que las y los estudiantes aprendan, “se les debe considerar como auxiliares en la casa, es su responsabilidad, pero no son educadores formales. Entre mejor preparados estén, más ayudarán a sus hijos e hijas”.
