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Código Voynich, ¿el diario de un extraterrestre? 600 años sin poder ser descifrado

Foto(s): Cortesía
Redacción

El misterioso Código Voynich es un libro de 600 años que nadie ha podido descifrar. Fue elaborado en el siglo XV, está escrito en un idioma desconocido y contiene numerosas y enigmáticas ilustraciones.


Se ha llegado a especular que podría tratarse del... ¡diario de un extraterrestre! Este manuscrito redactado con una pluma de ave, ha sido analizado a lo largo de los años por criptógrafos, lingüistas, filólogos, bibliófilos y eruditos de diversos campos, pero ninguno ha podido desentrañar el significado de su contenido. 


Uno de estos estudiosos se involucró a tal extremo en el análisis del enigmático texto, que anunció haber descubierto la clave para traducirlo y después cayó en la demencia.



 


Sobran las teorías sobre su origen y cada determinado tiempo alguien dice tener la solución al enigma que esconden sus páginas.


Pero lo cierto es que, hasta la fecha, nadie sabe a ciencia cierta quién escribió el códice, quién lo ilustró, con qué intención fue realizado y, lo que parece más increíble, en qué idioma o con qué código ha sido escrito.


Al libro se lo conoce como el Código Voynich, en honor al comerciante de libros de segunda mano que lo encontró.


Vendido en un remate de libros usados


En 1912, en la biblioteca de un colegio jesuita ubicado en las afueras de Roma que hacía el remate de sus libros, el anticuario y librero de origen lituano Wilfrid Michael Voynich encontró un texto medieval que llamó su atención de inmediato.



 


Se trataba de un códice escrito en un idioma por él desconocido y con profusas ilustraciones que representaban, entre otras cosas, signos astrales, imágenes esotéricas, mujeres desnudas, así como flores y hierbas inexistentes, al menos en el planeta Tierra.


De inmediato, el anticuario se interesó por ese enigmático volumen y lo compró para exhibir en su librería de Londres. Se llevaba de Italia ese ejemplar único, de 135 páginas, que encerraba consigo uno de los más grandes misterios que dio la escritura a lo largo de su historia.


A través de los años, el códice Voynich sería analizado por doctores en idiomas antiguos, criptógrafos, químicos, historiadores, medievalistas y hasta científicos de la NASA y expertos de la CIA, para tratar de desentrañar su contenido. Y ninguno de ellos tendría éxito.


Hace casi 60 años que el ejemplar se encuentra resguardado en el sector de “Libros raros y manuscritos” de la biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, en el estado de Connecticut, Estados Unidos.


Detalles del códice Voynich


Se denomina códice en forma habitual a aquellos libros que fueron escritos a mano en un período previo a la invención de la imprenta.


Se clasifica de esa manera al ejemplar que halló Wilfrid Voynich, no solo porque es un manuscrito, sino porque también, gracias a una prueba de carbono 14 practicada en 2009 al volumen por un equipo de la Universidad de Arizona, se determinó que éste fue elaborado entre los años 1404 y 1438 de nuestra era.


Es decir, poco antes de que Johannes Gutenberg creara la imprenta de tipos móviles, en 1440. El libro tiene un tamaño asequible de 22,5 por 16 centímetros y sus hojas son de vitela, una especie de pergamino que tiene la condición de ser a la vez tan delgado como durable.


Correctamente pulido y trabajado, este material, que se produce con la piel de vacunos nonatos, resulta ideal para plasmar en él textos manuscritos e ilustraciones.


En sus páginas hay un desfile de dibujos que exudan misterio. Desde mujeres embarazadas sin ropa bañándose en cántaros de agua y lagos de agua verde, hasta figuras relacionadas con la astrología y una serie de plantas y flores de una botánica inexistente en nuestro planeta, entre otros motivos que llaman la atención por su colorido y belleza.


Y en medio, arriba o abajo de las ilustraciones, en cada hoja existe un muy prolijo texto, cuyo alfabeto, código o idioma no ha sido dilucidado aún ni por los más avezados criptógrafos del mundo.


Se habló de alguna lengua oriental, del sánscrito, del tamil y hasta de un lenguaje inventado, similar al esperanto. Pero ningún estudio serio condujo a la solución del enigmático jeroglífico.


Solo se pudo contabilizar que el texto estaba formado por 37.919 palabras, construidas con 25 letras o caracteres distintos. La Universidad de Alberta anunció un exhaustivo análisis con inteligencia artificial, con la idea de que el manuscrito está escrito en hebreo.


Ni el hebreo ni el latín son sin embargo las únicas lenguas que se han barajado como solución al Voynich.


En uno u otro momento ha habido investigadores que han señalado el romaní, azteca, árabe, al alfabeto eslavo gaglolítico, el rongorongo de la isla de Pascua... Se ha afirmado que lo escribieron los cátaros, que su autor es Leonardo Da Vinci, el arquitecto Filarete o que es obra del franciscano Roger Bacon. Para otros criptógrafos, John Dee, el matemático y ocultista inglés, también puede haber sido el autor del manuscrito.


Hipótesis sobre el contenido


En el recuento de hipótesis sobre el posible contenido del manuscrito Voynich, a través de los años, los estudiosos del Código Voynich conjeturaron que podía tratarse de un cuaderno de botánica, un libro cabalístico, esotérico o relacionado con la alquimia.
También se adujo que era un tratado de homeopatía, un catálogo de pócimas mágicas, un texto hermético o, incluso, el diario de un extraterrestre.


Se consideró también la idea, nada improbable, de que el libro haya sido ni más ni menos que una estafa, la obra de algún exquisito falsificador.


Pero para descartar esta última teoría se echó mano a la llamada “Ley de Zipf”, creada por el lingüista estadounidense George Zipf. Y esta regla se cumple cabalmente en el Códice Voynich, por lo que su creador, en caso de que sea una obra destinada al engaño, tendría que haber poseído una genialidad inmensa.


Y, además, adelantarse a su tiempo, ya que Zipf formuló su ley en la década del 40 del siglo XX, es decir, unos 500 años después de la creación del libro.


La historia del Código Voynich


Lo que se puede rastrear de la historia del manuscrito de Voynich es que Rodolfo II de Bohemia (1552-1611), rey de Hungría y Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, adquirió el ejemplar por 600 ducados.


Tras este periplo, el manuscrito terminó en una biblioteca jesuita en Villa Mondragone, en Italia. Cuando en 1912 la compañía religiosa se vio obligada a vender varios libros, entre ellos aquel códice de alfabeto e idioma indescifrables, el destino quiso que terminase en las manos de Wilfrid Michael Voynich.


Tras su fallecimiento, en 1931 su viuda decidió vender el códice al anticuario Hans Peter Kraus, de New York, quien casi cuatro décadas después lo donaría a la Universidad de Yale.  El Voynich es el libro que nadie ha podido leer jamás en 600 años.

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