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Estas letras que lees: La historia de Océlotl

Foto(s): Cortesía
Redacción

A todos los muertos en noche de la Victoria.


Existen en nuestra historia patria diversos personajes de los que todos hemos escuchado hablar. Los nombres de diversos tlatoanis, conquistadores y hasta sacerdotes forman parte del imaginario colectivo de los mexicanos. Sin embargo, la historia es también muy selectiva y con frecuencia ha dejado fuera de los cánones oficiales a multitud de personajes que por su propia historia merecen también ser conocidos; tal es el caso de quien pasaría a la historia con el nombre cristiano de Martín Ucelo, pero cuyo nombre originario era Océlotl, su animal nahual.


Océlotl, nació en la Chinantla, en el actual estado de Puebla, en 1496, proveniente de una familia que no pertenecía a la nobleza; su padre era pochteca (pueblo comerciante) y su madre sacerdotisa, por lo cual desde temprana edad entró en contacto con los ritos y tradiciones hacia varias deidades de los diversos reinos del altiplano. Heredando los secretos del sacerdocio de su madre y los contactos de su padre, llegó a ser reconocido a temprana edad como un hechicero rico y poderoso, además de profeta y curandero. Su reputación de poseer poderes sobrenaturales se extendido en una amplia región del centro de los valles centrales del entonces Anáhuac. Fue tanta su influencia que llegó a juntar una pequeña fortuna, gracias a la cual quedaron registros de su historia.


De su labor como vidente se dice que a la edad de 23 años, el joven Océlotl ya contaba con prestigio y una digna carrera como sacerdote, por lo cual su presencia fue requerida en el grupo de sacerdotes que se encontraron con el emperador Moctezuma II para explicar la aparición de distintos fenómenos que ocurrieron y que se consideraban presagios funestos. Él fue uno de aquellos que vaticinaron la caída del Imperio Mexica; como consecuencia a esto, el gobernante tenochca lo manda ejecutar.


Océlotl logra escapar durante las batallas por la capital del imperio mexica, y continuó sus actividades como sacerdote a sus deidades, pregonando, entre otras ideas, que los frailes eran en realidad tzitzimime, seres malévolos del panteón mexica. Finalmente, las autoridades españolas lo consideraron como un peligroso hechicero y dogmatizante. En noviembre de 1536 es apresado por la Inquisición y enjuiciado por “por idólatra y hechicero”. Se da a conocer la sentencia en su contra en febrero de 1537. Sus bienes son confiscados y se le condena a ser trasladado a Sevilla, España, para su encarcelamiento a perpetuidad, porque “...si se quedase y estuviese en la Nueva España sería muy dañoso para los naturales de esta tierra…”; ante esta condena, la leyenda dice que Océlotl argumentó que nunca podría abandonar esta tierra, pues su vida está ligada a ella. 


A partir de este momento, la historia de Océlotl se desvanece junto con la marea. No existe registro de su llegada a Sevilla, ni de la nave que lo transportaba, pero podemos suponer que algún percance fatal sucedió durante el viaje, quizá un huracán, de esos que se forman en el mar caribe derribó las embarcaciones, borrando todo rastro de ellas, cumpliendo el vaticinio del afamado nahual.


En 1540 se descubrieron bienes de Océlotl escondidos por un mercader indígena en una casa del barrio de Santa Inés, al noreste del templo de Santiago Tlatelolco. De su vida queda registro en “Proceso del Santo Oficio contra Martín Ucelo, indio, por idólatra y hechicero”  salvaguardado en el Archivo General de la Nación.


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