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Sigo vivo

Foto(s): Cortesía
Redacción

He vivido en esta casa durante muchos años, tantos que ya no puedo contarlos. Conozco a todos los que viven aquí, los veo todos los días y a todas horas, pero ellos no me ven, no entiendo porqué, ya que compartimos la casa. 


Trato de ser una persona amable y acomedida, sin embargo nadie lo reconoce. En una ocasión, escuché el timbre de la puerta de entrada que sonaba varias veces, y como nadie parecía oírlo, salí a abrirla. Una jovencita muy linda pasó y dio las gracias, pero sin que yo lo entendiera, entró corriendo, gritando muy asustada que la puerta se había abierto sola, pero no fue así, yo la abrí.


Tengo muchos años, ya dije, pero no he olvidado ser niño y disfruto haciendo travesuras, abro y cierro puertas, ventanas, cajones; muevo sillas, mesas, sillones y en ocasiones apago y enciendo luces.


Para mantenerme en forma me encanta subir y bajar las escaleras, a veces por la noche o en el día y, como siempre, les extraña. En las ocasiones en que, por estar cansado, no uso las escaleras, me gusta caminar por los pasillos y habitaciones de la casa. Esto lo hago por las noches cuando ya están dormidos, pero como mis pasos son pesados y fuertes, se espantan.


La verdad, no entiendo porqué les da miedo, si ellos hacen casi las mismas cosas que yo, por ejemplo, una noche vi una máquina de escribir sobre el escritorio y quise usarla, empecé a teclear y como estaba oscuro, encendí la luz para poder ver mejor, aunque insistí un buen rato terminé enfadado y me retiré. Al día siguiente, revuelo, porque alguien escuchó la máquina de escribir, vio la luz encendida y nadie estaba levantado a esa hora, bueno, eso dijeron, porque no me vieron.


Sus reacciones me entristecen porque lo único que deseo es que se den cuenta de que no es fácil vivir en una casa donde parecen ignorarte y, además,  todo lo que haces les asusta. Yo lo único que quiero es ser tomado en cuenta, por eso a veces cuando duermen, les tomo la mano -no para hacerles daño- sino para sentir su compañía y, ¿qué pasa?, al percibirlo se aterran, gritan y en ocasiones salen corriendo. No, no es fácil vivir así.


Tengo algunos amigos que habitan como yo, desde hace mucho tiempo, las casas vecinas. La verdad es que son muy molestos. En la casa de al lado  hay una señora que grita casi todas las noches, en la parte de atrás un bebé no deja de llorar y para acabarla, un señor insiste en tocar y  asomarse por las ventanas, por supuesto los vecinos se atemorizan. Cuando nos reunimos intento hacer que moderen sus actitudes, pero no he podido convencerlos del todo.


¡Ah!, me olvidaba, me llamo Benito Gutiérrez, todos en esta casa dicen que soy un alma en pena y por eso han querido desalojarme varias veces, con “limpias”, misas, oraciones y muchas cosas más, pero no lo han logrado: vivo y viviré siempre aquí, no le hago daño a nadie. Ya deberían haberse acostumbrado, podemos convivir en armonía y además, la casa es grande, cabemos todos y lo crean o no, sigo vivo.

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