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¿Por qué los hombres son así?: la sexualidad infantil

Foto(s): Cortesía
Redacción

Parte de lo mencionado en las notas anteriores está agrupado teóricamente en lo que Sigmund Freud denominó como complejo de castración, que en el caso especifico del hombre, lo constituye la angustia de castración.


Una divergencia


Para quienes se pregunten al respecto de cuáles son las consecuencias del descubrimiento de la diferencia sexual en la mujer, he de decir que estos supuestos no aplican para ella, principalmente porque hay otros elementos psíquicos en juego, los cuales llevan a la niña a una evolución que en el hombre no se da. Asimismo, la angustia de castración es patrimonio exclusivo del psiquismo del hombre.


Vale la pena remarcar que para ambos sexos, el afecto de la angustia se constituye desde lo fisiológico, pero no está por demás mencionar que no habremos de confundirlo teóricamente con el de la angustia de castración.


El retorno


Si bien la interrogante que da título a esta nota me la realizaron en determinado contexto, el ¿Por qué los hombres son así?, podemos suponer que finalmente aterriza en las conductas y actitudes más generales que el hombre adopta ante determinadas circunstancias. Las cuales se hacen más visibles ante eso que llamamos amor y en la actitud que este adopta hacia la mujer, pues el placer de órgano y la angustia de castración, por regla general llevan al hombre por lo menos a dos destinos.


El primero, a que su desarrollo psíquico se estacione en una etapa primaria, donde su vida la comanda el placer. En algunos casos por la practicidad que en la vida cotidiana esto les brinda, paradójicamente algunos hombres las toman para colocarse por encima de otros, como seres evolucionados, sin percatarse de que se encuentran en lo primitivo de la vida anímica. El segundo destino puede ser una regresión, es decir a pesar de que el hombre alcanza cierta evolución psíquica, ante determinadas circunstancias que le provocan angustia o frustración, retorna a la etapa donde sus elecciones eran determinadas por el regulador heredado por el principio de placer-displacer.


Y ¿en el amor?


Si tomamos en cuenta lo que se deduce del amor, no es difícil suponer cuál es la disposición psíquica que el hombre adopta ante lo que plantea una renuncia de placer, eso que los poetas mencionan dejar de ser para ser en el otro. Esto, sin tomar en cuenta otros dos elementos; por un lado, su egoísmo, la tendencia de "no disparar, pero ni en defensa propia" -como se dice popularmente-; y por el otro, el odio que en muchos hombres se gesta a muy temprana edad por el horror que la mujer le representa. De esto último podemos recoger ejemplos en lo social, uno de estos es el caso de quien los medios de comunicación llaman Octavio “N” y que en días pasados agredió a una profesora de la UAEMex cuando impartía sus clases en línea.

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