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Poeta Raúl Zurita conquistará la noche en CDMX con la luz de 50 drones

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Desde sus días más remotos, la humanidad mira al cielo, quizá para descifrar su destino, dice el poeta Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950), quien ha escrito versos en el firmamento. Lo hizo en 1982, en el espacio aéreo de Nueva York, con humo proveniente de cinco avionetas que trazaron los 15 primeros versos de su poema La vida nueva, a más de 4 mil 500 metros de altitud.


Ahora, en México, la poesía de Zurita alza de nuevo el vuelo para deletrearse en el horizonte, esta vez con la luz de 50 drones, el próximo 30 de abril, como parte del ejercicio poético "Escrituras en el cielo", inscrito dentro del programa de la Fiesta del Libro y la Rosa 2021, este año virtual.



"Cuando lo hice en Nueva York, hace 40 años, me imaginaba el cielo como una inmensa página, donde uno pudiese escribir las trazas de su propio destino; ha sido siempre el lugar hacia el cual todas las comunidades, desde los tiempos más remotos, han dirigido su mirada, posiblemente porque creen que en el cielo están las señas de sus destinos", relata en entrevista telefónica quien también cavó el desierto de Atacama para albergar su micropoema Ni pena ni miedo.


Si en el espacio aéreo de Nueva York Zurita escribió versos como: "Mi Dios es hambre / Mi Dios es nieve / Mi dios es desengaño / Mi dios es chicano / Mi dios es ghetto", que remitían a la vida y condiciones de sus compatriotas y de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos, ahora en la noche de la capital mexicana trazará una especie de réquiem, según anticipa el escritor galardonado en 2020 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género en español.


"Pensé en una especie de réquiem por todo lo que estamos pasando, por estas muertes silenciosas, sin nadie que te tomé la mano. Pensé en frases que refieren también a 'Mi Dios', pero un dios que no está, que no quiere, que no sangra: un llanto por lo que somos, por lo que estamos atravesando", prosigue.


En sus poemas resonarán las injusticias de la prolongada cuarentena por el Covid-19, que priva a la gente del alimento; la soledad de una muerte despojada de ilusión. "Incluso, para morirse, hay que tener una ilusión. Cuando se te quita eso te quedas con un abismo tan grande que no cabes. Lo único que nos podría salvar es que no olvidemos que un abrazo es algo importante, que simplemente ver la cara de otro ser humano es tan increíble, tan alucinante. Ojalá emerjamos de esto con hambre de los demás, con una necesidad profunda de los demás, porque si tú me tocas y yo te toco, tal vez no todo esté perdido", expresa.


Proyectar sus letras en el firmamento no es tanto poesía-acción, aclara, sino "poesía en el sentido más amplio del término, porque estos son poemas que ocupan el cielo, pero no creo que sea un asunto de tamaño, ni de la cantidad de gente que lo vea, sino una cuestión de pensamiento, de actitud: es bello, una cosa extremadamente bella y extremadamente dolorosa que se juntan".


Desde ventanas, balcones y azoteas de las colonias Daniel Garza, Observatorio y América, en la Miguel Hidalgo, podrán leerse, a las 20:00 horas del día 30 de abril, los versos de Zurita. "Importa alzar los ojos y ver, y tal vez en este Dios que no vino, que no está, tal vez allí volvamos a encontrarnos a nosotros mismos también". Pero antes, hoy, día en que se concentra la actividad del encuentro literario, "Escrituras en el cielo" ha programado también la proyección de los versos de Ruperta Bautista, mientras que a Luis Felipe Fabre le tocará el turno el 8 de mayo.


Un minuto de felicidad


Durante el confinamiento, Zurita permanece en su casa, cuya amplitud, dice, le hace sentir culpable, pues contrasta con el hacinamiento de tantos. "No crea que me alegra, al contrario; me produce un profundo dolor y tristeza. Creo que nadie puede ser feliz en estas condiciones de desigualdad tan impresionantes, pero también es cierto que todo ser humano, aunque sea en el Apocalipsis, tiene derecho a un minuto de felicidad".


El suyo es el siguiente: "Ver a mi mujer, hablar con un hijo; cosas tan simples y tan potentes como ésas me provocan felicidad. Mi madre tiene 98 años, y está bien. Y me producen felicidad porque significan participar de la comunidad de la humano: madre, hijos, nietos, familia".


 


"Nadie puede ser feliz en estas condiciones de desigualdad tan impresionantes, pero también es cierto que todo ser humano, aunque sea en el Apocalipsis, tiene derecho a un minuto de felicidad".


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