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Mujeres de Oaxaca que migran a CDMX, mayoritariamente trabajadoras del hogar

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

La mayoría de mujeres que migran a la Ciudad de México para emplearse como trabajadoras del hogar son de origen oaxaqueño. La pobreza, marginación y la vulnerabilidad que les impidió ejercer su derecho a la educación las colocó desde muy temprana edad en jornadas laborales extensas, con bajos ingresos y sin prestaciones sociales.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Discriminación (ENADIS) Conapred-UNAM, el 95% de las empleadas del hogar no tiene acceso a servicios de salud por parte de su empleador, casi 80% carece de prestaciones laborales y 61% de las trabajadoras del hogar no cuenta con vacaciones.


El 46.5% no cuenta con aguinaldo y 44.7% no tiene horario fijo, además, son víctimas de un trato desigual para acceder a sus derechos y viven situaciones que las hacen vulnerables a abusos.


Las trabajadoras de planta representan casi 12% de las trabajadoras del hogar. El restante trabaja en la modalidad de entrada por salida. Las condiciones laborales y de vida para ambas son invisibles para la sociedad, para las y los empleadores, y para las leyes que protegen los derechos de las y los trabajadores.


La Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación detalla que el trabajo del hogar es un empleo aislado y prácticamente invisible, lo cual facilita la desprotección y la vulnerabilidad de las personas que trabajan en este ámbito. El grado de vulnerabilidad es aún mayor cuando se observa que el trabajo del hogar está feminizado: 9 de cada 10 trabajadores del hogar son mujeres –por eso nos referimos genéricamente como trabajadoras del hogar–, y aunque no se tienen cifras exactas, se conoce que muchas de ellas son indígenas o provienen del mundo rural.


Agrega que la discriminación contra ellas se comete tanto en el ámbito público como en el privado. El marco normativo de protección y garantía de derechos es insuficiente e incluso, en algunos ámbitos, inexistente para hacer efectivos sus derechos laborales precisamente por sus condiciones de trabajo, de género u origen étnico.


Finalmente, añade que las conductas abusivas de algunos de los empleadores devienen en malos tratos y negación de sus derechos. Y sin embargo, el trabajo que desempeñan es necesario para el desarrollo de la vida productiva y económica del país y de las familias.

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