La llegada de la COVID-19 al estado, esto ya hace un año, provocó el aumento de precios en los medicamentos y productos recomendados para la protección contra el nuevo virus, lo cual benefició, pero al mismo tiempo perjudicó a las farmacias.
Cuauhtémoc Barrientos, dueño de una farmacia de la capital oaxaqueña, detalla que la única “temporada alta” que tiene es durante diciembre; no obstante, todo el año de pandemia ha sido así, lo cual le preocupa, pues en su mayoría son compras de personas que se automedican.
“La venta de antibióticos aumentó demasiado. De por sí ha sido un problema el uso excesivo de estos, la pandemia lo agravó más”, lamenta.
Precios altos y escasez
El dueño de la farmacia recuerda que desde que comenzó la pandemia los primeros productos en aumentar de precio fueron el alcohol y los cubrebocas, por lo que él también tuvo que cambiar los precios.
Detalla que el litro de alcohol lo vendía en 50 pesos, pero lo vendió hasta en 150 pesos, mientras que el cuarto de litro pasó de 8 a 20 pesos, esto debido a la alta demanda que estaba teniendo.
Agrega que el precio sigue sin regresar al de antes de la pandemia, pues actualmente vende el litro en 80 pesos y esto mismo ha ocurrido con los cubrebocas quirúrgicos, pues antes compraba uno en 1 o 2 pesos, pero llegó a adquirirlo hasta en 20 pesos.
Menciona que en varios productos y medicamentos este aumento lo hicieron los proveedores no por la escasez, sino por la alta demanda que hay y había como el caso de las caretas, las cuales pasaron de los 40 a los 300 pesos.
Mientras que en el caso del Paracetamol, el cual vendían genérico y de patente, este medicamento se ofertaba en 6 pesos, pero su precio fue aumentando dos pesos conforme pasaban los meses de pandemia hasta venderse actualmente en 15 pesos.
Medicamentos más comprados
Don Cuauhtémoc confiesa que muchas veces ha sentido que la medicina que les vende a los pacientes “no les va hacer nada”, ya que no existe un fármaco adecuado o especializado que sea efectivo para el tratamiento contra la COVID-19.
Además de esto, algo con lo que ha lidiado durante los 23 años que lleva en su farmacia es vender medicamentos sin receta, pues la mayoría de personas recurren a la automedicación, lo cual aumentó durante la pandemia.
“Hay gente que piensa que la Ivermectina se toma para evitar contagiarse del virus, pero no es así. Antes ese medicamento usualmente lo vendía para eliminar piojos y quizá era uno por mes, pero con la pandemia llegué a vender hasta 10 en un día”, detalla.
Otros medicamentos que comenzó a vender más y que también aumentaron su precio por la demanda fueron la Amoxicilina, la que escaseó por un tiempo, Redoxon y Azitromicina.
“Incluso, me tocaron clientes que traían su receta y en ella decía que debían tomar Paracetamol, pero no querían y pedían Azitromicina, quizá porque vieron en internet que se estaba utilizando, pero también se automedicaban mal”, subraya.
Agrega que la Azitromicina es un medicamento que se debe tomar cada 24 horas; no obstante, los clientes compraban para tomarla cada 12 o hasta 8 horas.
Reciente disminución en ventas
La forma en la que don Cuauhtémoc se ha dado cuenta que los casos de contagios han disminuido es a través de las ventas de medicamentos o también cuando hay repunte de estos.
“Los meses en los que vendimos más fueron en mayo y junio que fue cuando empezó a ponerse feo y durante diciembre y enero. Ahora han sido muy pocas las personas que vienen a surtirse con los medicamentos ya mencionados”, comparte.
Asimismo, señaló que para él es común que durante las fechas en las que empieza a hacer calor, incremente la venta de medicamentos para tratar infecciones estomacales, diarreas, entre otros, pero en esta ocasión no ha sucedido.
“Eso demuestra que las personas se están cuidando. Quizá sea porque no salen o tienen miedo de comprar en la calle, han sido muy pocas las ventas de medicamentos y aunque es algo malo para la farmacia, me alegra que las personas se estén cuidando”, concluye.


