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Educar desde casa, rol que obligó a familias a asumir por llegada de pandemia

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Con el inicio del confinamiento, en marzo de 2020, a su lista de roles como cuidadora, proveedora, cocinera, lavandera, mamá y esposa, Victoria sumó la responsabilidad impuesta de maestra.


Sin herramientas pedagógicas y con paciencia, Victoria logró que Ana Mariela, su hija de nueve años, pueda por fin leer.


Sin computadora, ni televisión, ni internet, ni luz porque los dos cuartos de lámina se alumbran en la noche con la energía que capta un panel solar, Victoria exprime el tiempo para que también Nallely, de 11 años, y Brenda, de siete, también avancen con sus tareas.



De Jesús, el menor que está por cumplir cinco años, no se preocupa por inscribirlo al jardín de niños, ya se programó para que empiece a cursar el tercer grado de preescolar en el siguiente ciclo.


Tarea interminable 


“Trato de echarle muchas ganas, tomo mi tiempo, mi medida”, expresa Victoria en el patio de una casa con una mesa que sirve para dar de comer a sus hijas, su hijo y sus sobrinos, o para jugar lotería, un diminuto memorama de cartón o hacer la tarea.


Ella, madre por primera vez a los 17 años, se asume como parte de la población indígena, nació en San Lorenzo Texmelucan y habla zapoteco, pero vive en el Valle de Etla, cerca de las vías abandonadas del ferrocarril.


Si sus hijas tienen alguna duda, trata de buscar en internet o consulta a la maestra o profesor, pues su nivel de escolaridad llegó a sexto de primaria, lo que le limita sus opciones laborales para contribuir a una economía familiar que se centra en los 200 pesos diarios que gana su esposo como ayudante en una ladrillera.



Cuando Victoria sale a mediodía para trabajar en la limpieza de una casa, “me da cosa irme, pero me apuro, no quisiera que les pase algo”, dice consiente de que la pandemia hizo que las labores escolares cambien radicalmente: “antes era un ratito para hacer la tarea y ahora es todo el día, es más trabajo”.


Educar en un contexto violento


La doctora en pedagogía con especialidad en estudios sobre jóvenes, sexualidad y género, Leticia Briseño Maas, visualiza claramente el gran pendiente de un sistema educativo que no reconoce las necesidades y condiciones diferenciadas de las familias, sobre todo de las mamás que pasan todo el día tratando de entender la lógica de las tecnologías, de las materias y cumpliendo con las actividades cotidianas que cuadruplican la carga diaria.


“La responsabilidad de las escuelas de proporcionar una educación acorde a las edades se traslada sin ningún tipo de aviso a los hogares”, donde hay desconocimiento de las tecnologías y se cuenta con espacios físicos que no son homogéneos, carecen de internet o enfrentan hacinamiento.


Más allá de que el desarrollo de cada integrante de la familia en edad escolar se interrumpió a finales de marzo con el cierre de escuelas por la pandemia, la investigadora Briseño nombra lo que poco se reconoce: educar en escenarios de mucha violencia porque quienes tienen la responsabilidad enfrentan episodios de frustración, ansiedad y tensión.


Proceso frustrante


Carolina sabe bien que el grito, el peñizco, el jalón de orejas, el tirón del cabello, la nalgada o cualquier otro golpe que da su hijo de 10 años es una acción violenta, pero la justifica en la única manera de que entienda que debe cumplir con su tarea.


“Hasta que me ve enojada avanza, no encuentro otro modo”, relata con una carga de frustración porque ella debe salir a trabajar por las tardes como cajera en una tienda de autoservicio y en su ausencia Ángel no hace caso a las indicaciones de su abuela materna.


No lo dice abiertamente, pero Carolina se siente agotada y ansia el fin de la pandemia para no sentir la impotencia por no lograr atender las necesidades educativas de su hijo, 


Este 20 de marzo se cumple un año de que las escuela en que estudian Ángel, Nallely, Ana Mariela, Brenda y casi 900 mil estudiantes de nivel básico se mantienen con escuelas cerradas, como una medida para reducir la movilidad y los contagios de COVID-19.


Los 53 mil docentes que laboran en 13 mil 821 escuelas acompañan los procesos de educación en casa desde sus posibilidades, sin un criterio unificado, ni una forma de evaluar su desempeño y del otro lado están las madres con un excesivo agotamiento porque las responsabilidades se triplican.



“En esta pandemia, como nunca, ellas se alejaron de sus hijos e hijas que las ven como la madre, no como la maestra, mientras tratan de educar de la forma en que les enseñaron”, reflexiona la doctora Leticia.


Y advierte: “Tanto un golpe, una palabra amorosa se queda grabado y se vuelve referente. Las familias de ahora nunca estuvieron preparadas para el ejercicio de la docencia en casa”.


Victoria sabe que no está preparada para ser la maestra de sus hijas, ni lidiar sola con el estrés que le causa volver de trabajar y que no hayan hecho la tarea, así que prefiere dejar de hacer otras cosas y sentarse con ellas a que cumplan con las actividades que a ella le dan la confianza que al crecer no tendrán que limpiar casas ajenas a cambio de 120 pesos que sólo alcanzan para “un kilo de tortillas, un cono de huevo, un kilo de jabón y un litro de cloro.


 


Las fechas


14 de marzo de 2020.- La Secretaría de Educación Pública anuncia la suspensión por un mes de las clases presenciales de todos los niveles.


20 de abril de 2020.- El cierre de las escuelas se prolonga de manera indefinida y se implementa el programa televisivo de Aprende en casa.


24 de agosto de 2020.- Inicia el ciclo escolar 2020-2021 en la modalidad a distancia.


 


Roles


Cuidadora


Proveedora


Cocinera


Lavandera


Mamá


Esposa


Maestra


 


"Antes era un ratito para hacer la tarea y ahora es todo el día, es más trabajo”.


Victoria, Madre de familia.



 


“La responsabilidad de las escuelas de proporcionar una educación acorde a las edades se traslada sin ningún tipo de aviso a los hogares”.


Leticia Briseño Maas, Doctora en Pedagogía.



 


Los contras


Enfrentan episodios de frustración, ansiedad y tensión.


 


Sin escuelas


  • 900,000 estudiantes de nivel básico

  • 53,000 docentes 

  • 13,821 planteles cerrados

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