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Recordando a Sergio Pitol, el gran aportador a las letras mexicanas

Foto(s): Cortesía
Redacción

Este jueves se conmemora el natalicio de Sergio Pitol Deméneghi, quien vino al mundo en Puebla un 18 de marzo de 1933, aunque se sabe que su infancia transcurrió en el Ingenio de Potrero y su adolescencia en la ciudad de Córdoba, en el estado costero de Veracruz, a donde sus padres se mudaron cuando él tenía 4 años. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y después cursaría la Carrera en Letras en la Universidad Veracruzana, fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) desde 1994.


En la década de los 60 del siglo pasado, formó parte del Servicio Exterior Mexicano, siendo Embajador de México en la extinta República de Checoslovaquia, además de consejero cultural en distintas cuestiones diplomáticas que lo llevaron a visitar ciudades como Belgrado, París, Budapest, Varsovia, Praga y Moscú. Dentro de su labor literaria se destacó como narrador, ensayista, además de un excelente traductor, siendo este uno de sus trabajos más trascendentales, pues gracias a su dominio de lenguas como el inglés, francés, italiano, polaco y ruso, presentó a Latinoamérica autores como Witold Gombrowicz, Jerzy Andreievsky, Roland Firbank, William Styron, Tibor Déry, entre otros.


Sergio Pitol formó parte del cuerpo diplomático mexicano durante 16 años, era la época de la guerra fría. Las dos grandes ideologías de la época de mediados del siglo pasado se encontraban en conflicto y había grandes tensiones en la zona de Europa del este, en la cual el escritor pasó la mayor parte de sus años de servicio. Antes de la creación de la Unión Europea, cada país manejaba su propia moneda, las fronteras nacionales se encontraban bajo fuertes medidas de seguridad y en México (así como en gran parte del Continente Americano), se le tenía gran temor a todo aquello que pudiera semejarse a ser simpatizante con la ideología comunista o “rojilla” como despectivamente se les llamaba y el solo hecho de serlo podría tener repercusiones como la cárcel o la muerte.


Durante esta complicada situación internacional, Pitol Deméneghi escribió parte importante de su obra, destacando, Infierno de todos en 1965, Los climas al año siguiente, No hay tal lugar en 1967, Del encuentro nupcial tres años después. En 1972 publicó El tañido de una flauta, en 1981, Nocturno de Bajara, rebautizado después como Vals de Mefisto. De 1972 a 1988 vivió de nuevo en Europa, sin embargo, cuando regresa a México lo hace para permanecer de manera definitiva, primero en el extinto Distrito Federal y después en Xalapa.


Su trabajo en las letras mexicanas es ampliamente reconocido, en 1973 recibió el Premio Nacional de Novela del INBA, en 1981 el Premio Xavier Villaurrutia, en 1982 el Premio Narrativa Comala, en 1984 el Premio Herralde de comedia, en Barcelona; y en 1987 el Gran Premio de la Asociación de Cultura Europea, de Polonia y en 1999 el Premio Juan Rulfo; además, fue condecorado por el gobierno de Polonia por su trabajo cultural. En 2005 recibió el Premio Cervantes de Literatura. Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua el 23 de enero de 1997, como correspondiente en Xalapa y ahí permaneció hasta su muerte, ocurrida un 12 de abril de 2018. Mañana cumpliría 88 años.


 


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