Por segundo año consecutivo, el Día de la Samaritana, tradición oaxaqueña única en el país y el mundo que convoca a compartir y recibir agua de sabores, quedó eclipsada por la pandemia del virus SASRS COV2 (Covid-19) presente desde hace un año en el país.
Antes de la pandemia, caminar sobre el andador turístico de la capital del estado durante el cuarto viernes de Cuaresma era degustar los sabores de la chilacayota, limón con chía o téjate servido en un vaso con hielo; mirar las bugambilias enmarcando las puertas de casa, comercios y dependencias públicas, así como saborear dulces regionales en medio del bullicio de la gente.
En este año la festividad que se desprende de un pasaje bíblico, fue como un fantasma, un recuerdo que se añora revivir.
Colocadas tímidamente en algunos comercios, las aguas frescas estuvieron presentes en las calles de Oaxaca como un símbolo de la identidad oaxaqueña para recordar el pasaje en que Jesús le pidió agua a una mujer de Samaria. “Y la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos”.
Cómo nació la tradición
Así, la tradición de regalar aguas frescas nació por el año de 1958 con Casilda Flores, mujer conocida por sus tradicionales aguas de sabores. Por aquel año comenzó a obsequiarlas a estudiantes del Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca, hoy, Universidad Autónoma ‘Benito Juárez’ de Oaxaca (UABJO), en la pila de Juan Diego localizada en la calle de Trujano.
Después la tradición fue adoptada y replicada por dependencias públicas, comercios, escuelas y familias, siendo éste uno de los momentos de mayor fiesta y convivencia entre la población de la capital y el turismo.
Con la nueva normalidad, la celebración de la Samaritana también se hizo a distancia. Algunas escuelas particulares como el Instituto Pedagógico Infantil, Margarita Aguilar Díaz, desarrollaron una representación virtual del pasaje bíblico; asimismo, colocaron música regional y emblemática de Oaxaca que habla de las tradiciones de la entidad para mantener viva la identidad.
De la misma manera, a través de las redes sociales fueron compartidas fotografías de personas que convivieron en familia en el marco de esta tradición, en todos los casos aludiendo a la forma única en la que se lleva a cabo.
“Son tiempos difíciles, pero no perdemos la fe de que vendrá algo mejor”. “Desde que iniciamos con este proyecto cada año dábamos agua de horchata con tuna, hoy extrañamos mucho esos momentos, pero nos quedan hermosos recuerdos”. “Este año los oaxaqueños y oaxaqueñas responsables de las medidas sanitarias rememoramos desde casa esta tradición, seguros de que el año próximo volveremos a estar juntos”, fueron algunos de los mensajes compartidos en redes sociales.
1958
Año en que doña Casilda Flores comenzó a ofrecer aguas frescas a estudiantes
